1 de agosto de 2008

Bases de Fe.


En tanto que cristianos Evangélicos o Protestantes, aceptamos la Revelación del Dios único en tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) dada en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, y confesamos la fe histórica del Evangelio que se proclama en sus páginas.

Afirmamos, por consiguiente, las doctrinas que consideramos decisivas para comprender la fe y que deben expresarse en amor, en el servicio cristiano práctico y en la proclamación del Evangelio:

Artículo 1.
Creemos que hay un solo Dios verdadero, el cual es Hacedor y Sustentador de cuanto existe. Que en la unidad de la Divinidad existen tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los cuales son iguales en sustancia, atributos y gloria.
Artículo 2.
Creemos que Jesucristo es Dios manifestado en carne. En El concurren dos naturalezas: la divina, con todos sus atributos, y la humana en absoluta perfección, constituyendo una sola persona indivisible. En su concepción virginal por obra del Espíritu Santo, su vida sin pecado, sus milagros, su muerte vicaria y expiatoria, su resurrección corporal, su ascensión, y que El es el único mediador entre Dios y los hambres, que intercede por nosotros, y que ha de volver por segunda vez en poder y gloria.

Artículo 3.
Creemos en la persona divina del Espíritu Santo, que regenera al pecador y santifica al creyente, en el cual mora como prenda y garantía de su salvación eterna, para fortalecerlo, consolarlo y conducirlo en una vida de obediencia a Dios. Asimismo que enriquece a la iglesia con dones espirituales, le da unidad y la guía en el cumplimiento de la misión que le fue encomendada por Cristo.


LA BIBLIA

Artículo 4.
Creemos que las Sagradas Escrituras (los treinta y nueve libros del A.T. y las veintisiete del N.T.) son inspiradas divinamente en su totalidad, sin error, dignas de toda confianza, y debe constituir nuestra suprema autoridad en todo lo concerniente a nuestra fe y vida.

EL DIABLO

Artículo 5.
Creemos que existe Satanás, el cual era querubín grande, creado por Dios, sello de perfección, lleno de sabiduría, acabado de hermosura y perfecto en todos sus caminos, más pecó queriendo ser semejante al Altísimo y fue arrojado del cielo en compañía de ángeles que le siguieron en su rebelión.

Artículo 6.
Creemos que su obra en relación con el hombre, desde el Edén, consiste en engañarlo y tentarlo para que peque contra Dios desobedeciéndole, colaborando en esta obra, bajo sus órdenes, los ángeles que le siguieron.

EL HOMBRE

Artículo 7.
Creemos que todo ser humano tiene tendencia innata al pecado y una conducta pecaminosa, y como consecuencia, está destituido de la Gloria de Dios. Sólo la acción del Espíritu Santo puede transformarlo, dotándolo de una nueva naturaleza mediante la regeneración, para la que se requiere, por parte del individuo, el arrepentimiento y la fe en Cristo, condiciones indispensables, para obtener la salvación.

Artículo 8.
Creemos que la salvación es solamente por la fe en los méritos de Cristo y en el valor de su sangre derramada en la cruz como suficiente para darle al hombre perdón, salvación y vida eterna, quedando así excluido todo mérito humano.

Artículo 9.
Creemos que la santificación es obra que realiza el Espíritu Santo en armonía con la Palabra de Dios. Por lo tanto, el creyente debe vivir una vida santa, apartado de toda especie de mal, en obediencia a la Sagrada Escritura y que la santidad es norma de vida de Dios para su pueblo.

Artículo 10.
Creemos que habrá resurrección de muertos, tanto de justos como de injustos; los justos para vida eterna y los injustos para vergüenza y confusión perpetua.

LA IGLESIA

Artículo 11.
Creemos que todos los redimidos constituyen la Iglesia Universal y son miembros del Cuerpo de Cristo, cuya única cabeza es El.

Artículo 12.
Creemos que la Iglesia Local es una congregación de creyentes en Cristo, unidos bajo la dirección del Espíritu Santo, para tributar adoración a Dios, promover la edificación de sus miembros, practicar las ordenanzas de Cristo y difundir el Evangelio.

Artículo 13.
Creemos que Jesucristo en su soberanía, dio y sigue dando a su iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, pastares maestros; los que hacen milagros, los que sanan, las que ayudan, los que hablan en lenguas, las que las interpretan, los que tienen palabras de sabiduría de ciencia, las que tienen don de discernimiento, los que administran, las que tienen fe, etc..

Artículo 14.
Creemos que el Bautismo y la Santa Cena son ordenanzas que el Señor Jesucristo dejó establecidas para ser observadas por los creyentes: El Bautismo, símbolo de nuestra muerte a la vida de pecado y resurrección a una nueva vida en Cristo, se efectúa por inmersión en agua en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; la Santa Cena fue instituida para conmemorar la muerte de Cristo y debe celebrarse con ambos elementos: pan y vino, símbolos del cuerpo y de la sangre del Señor respectivamente.

Artículo 15.
Creemos que todo nacido de nuevo debe contribuir con sus diezmos y ofrendas al sostenimiento de su iglesia local, siendo ésta la administradora.

Artículo 16.
Creemos que todo creyente que no ande conforme a la voluntad de Dios ha de ser amonestada y disciplinada conforme a las reglas o normas dadas por El, descritas en las Sagradas Escrituras.

ACONTECIMIENTOS FINALES

Artículo 17.
Creemos que Cristo vendrá a arrebatar a su iglesia cuando se manifieste con los santos que durmieron en El. Este acto será en un abrir y cerrar de ojos conforme a las Sagradas Escrituras.

Artículo 18.
Creemos que el Anticristo es un hombre que ha de manifestarse en los últimos días con gran poder y prodigios mentirosos, cuyo advenimiento es par obra de Satanás. Hará pacto con muchos, entre ellos el pueblo judío, siendo vencido por Cristo en su segunda venida.

Artículo 19.
Creemos que la Gran Tribulación será un tiempo terrible en el que las personas de todas las naciones sufrirán cazo nunca.

Artículo 20.
Creemos que Cristo vendrá a la tierra después del Arrebatamiento para reinar sobre todas las naciones. Esta vez todo ojo le verá, viniendo con El todos los ejércitos celestiales, incluidos todos los creyentes.

Articulo 21.
Creemos que el Milenio dará comienzo después de la Batalla de Armagedón. Será un tiempo de gran prosperidad en todos los órdenes debido a que Cristo estará reinando sobre la tierra con todos los santos desde Jerusalén.

VIDA FUTURA

Artículo 22.
Creemos que todos los creyentes serán juzgados ante el Tribunal de Cristo, cuyo juicio no es para condenación sino para recompensas por las obras que cada creyente haya realizado.

Articulo 23.
Creemos que todos los incrédulos serán juzgados después del Milenio en el Juicio Final, el cual será de condenación.

Articulo 24.
Creemos que hay un infierno, lugar de castigo para el Diablo y sus ángeles, así como para todos aquellos hombres que rechazan el Evangelio de la Gracia de Dios, y asimismo una vida bienaventurada y eterna de pleno disfrute de la Gloria de Dios, donde todos sus hijas gozaran y vivirán eternamente en una nueva sociedad de justicia y santidad sirviendo al Señor.

Gentileza: Asamblea Cristiana.

5 de julio de 2008

Lily Goodman y Jesus Adrian Romero - Ven te necesito.

La bendicion de nuestro señor, se refleja en nuestros dones, la alabanza es uno de ellos.


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3 de julio de 2008

La gran paradoja de la cruz.


«A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar» (Mt. 27:42)

La cruz, en el correr de los siglos, se ha convertido en símbolo del cristianismo, signo honroso que inspira respeto y reverencia. Pero no siempre es vista como símbolo del acontecimiento más grandioso registrado en la historia humana. Con motivo de la Semana Santa, la cruz vuelve a ser actualidad. Por ello nos parece conveniente recordar en estos días algunos de sus aspectos más esenciales. En el mensaje de la cruz radica el corazón del Evangelio de tal manera que una buena comprensión del mismo va a ser determinante en nuestra actitud hacia Cristo: cuanto mejor comprendamos su significado e implicaciones, tanto mayor será nuestro amor por el Señor y nuestro compromiso con Él. Y ésta es, a su vez, la mayor necesidad de muchos creyentes e iglesias hoy. Si llegáramos a vibrar de nuevo como Charles Wesley al componer su conocido himno «Cómo en su sangre pudo haber tanta ventura para mí...», no estaríamos lejos de un avivamiento.

En los días de Cristo la cruz era sinónimo de patíbulo; para los judíos, símbolo de ignominia y maldición (Gá. 3:13). Estaba reservada para los reos más abominables y era temida no sólo por los intensos sufrimientos físicos que causaba, sino también por la degradación moral que comportaba. Sin embargo, una cruz fue la meta de la carrera de Jesús.

No es de extrañar que en el mundo greco-romano del primer siglo la predicación apostólica, centrada en Cristo crucificado (1 Co. 2:2), fuese despreciada por muchos; les parecía un absurdo insostenible, un skándalon (locura) rechazado por los sabios de este mundo. Pero lo que para los incrédulos era motivo de burla, para los creyentes en Cristo (1 Co. 1:21-31) era el mayor motivo de gloria. Así la cruz vino a ser la más admirable de las paradojas. Analicémosla atentamente:

«A otros salvó»
La obra de salvación realizada por el Señor Jesucristo estaba en consonancia con su nombre: «JESÚS» (Salvador - Mt. 1:21). Con honda percepción espiritual y con absoluta transparencia verbal explicó Juan el carácter salvífico de la venida de Cristo al mundo: No para condenarlo, sino «para que el mundo sea salvo por él» (Jn. 3:17).

Durante los días de su ministerio público salvó a muchos:

En el sentido físico: Ciegos, sordos, paralíticos, epilépticos, leprosos fueron milagrosamente sanados, incluso algunos muertos fueron resucitados por él.
En la restitución moral de otros. ¡Cuántos hombres y mujeres pudieron dar testimonio de la maravillosa transformación de sus vidas! Publicanos como Mateo y Zaqueo; hombres respetables como Nicodemo; mujeres como la que, en casa del fariseo Simón, confesó con lágrimas de arrepentimiento lo inmoral de su vida pasada y obtuvo el perdón de aquel que vino a llamar no a los justos, sino a los pecadores que se acogen mediante la fe a la misericordia perdonadora de Dios.
Este elemento moral es básico en la acción salvadora de Cristo. Multitud de personas se pierden porque se consideran suficientemente buenas para merecer su justificación delante de Dios. ¡Cómo necesitaban la enseñanza de Jesús, ante quien no cabe la diferencia entre buenos y malos, entre pecadores y salvados! El Señor dice: «Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente» (Lc. 13:1-4).

Gracias a Dios porque sus brazos paternales están siempre abiertos, como los del padre del hijo pródigo, para recibir al hijo que vuelve a él confesando su locura de abandonar la casa paterna para vivir «su vida». Asimismo Cristo es el buen pastor que, al echar en falta a una de sus ovejas, dejando las noventa y nueve cobijadas en el redil, va en busca de la descarriada hasta que la encuentra y la salva. «Porque el Hijo del hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido» (Mt. 18:11). Sin embargo,

«A sí mismo no se pudo salvar»
¿Era posible? Todos los recursos del poder de Dios estaban a favor de su Hijo. Así se puso de manifiesto desde el momento mismo del nacimiento de Jesús, cuando Herodes trató de acabar cruelmente con él. En Nazaret, tras su predicación en la sinagoga, los líderes religiosos intentaron en vano acabar con su vida por lapidación. En Jerusalén se intentó apresarlo y matarlo. Y en la hora suprema de su vida podía haber movilizado doce legiones de ángeles para impedir su apresamiento y su muerte. Pero Jesús no pidió a su Padre ser liberado de la malevolencia del sanedrín judío, de la debilidad de Pilato, gobernador romano, y del fanatismo fiero del pueblo. En la cruz está solo. Ningún ángel le acompaña; ningún discípulo le apoya.

Al parecer, en el Calvario, Jesús no encarna el poder del Dios Todopoderoso, sino la debilidad humana más absoluta. Así, sumido en la soledad y la impotencia, muere el que era Rey de cielos y tierra. Sólo tenía fuerzas para clamar: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mt. 27:46). En aquel momento, Jesús no es visto como el Hijo amado, sino como el gran desamparado. ¡Paradoja! ¡Misterio!

De las tenebrosidades del Gólgota ¿puede surgir alguna luz que ilumine el acontecimiento más trascendental de la historia? ¿Es posible que una tragedia tremebunda -la crucifixión del Hijo de Dios- se haya convertido en fundamento glorioso de la salvación?

La explicación de la paradoja:

Para entender la imposibilidad de que Cristo se salvase de los horrores de la crucifixión es indispensable que nos remontemos a los orígenes de la humanidad, a la relación entre Dios y el hombre, el Creador y la criatura. Dios había hecho todo lo necesario para que el ser humano fuese feliz en el admirable escenario del Edén: A la plácida comunión de Adán y Eva con su Hacedor, se unía la comunión de ambos entre sí. También el trabajo de cuidar la naturaleza -el jardín edénico- sería fuente de placer. No obstante, la primera pareja debía tener muy claro que su bienestar dependía de su dependencia de Dios y del acatamiento de sus santas leyes. Si la relación del hombre con Dios había de ser una bendición, el hombre tenía que mantenerse en la doble actitud de obediencia y gratitud. Este ideal, no obstante, se malogró por la ambición de Adán y su mujer. Tentados a ser como Dios, desobedecieron el mandato divino de no comer el fruto del árbol del bien y del mal; lo cual equivalía a hacerse dictaminadores de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto; llanamente, a vivir a su antojo.

Esto era un acto gravísimo de rebeldía contra el Creador -el mayor de los pecados-. Y la rebeldía había de ser castigada con la justa retribución que sufrieron Adán y Eva y su descendencia. De este modo «el pecado entró en el mundo», y con el pecado la muerte. (Ro. 5:12-13). Pero la condenación no era el destino final de Adán. El Creador iba a ser también Salvador de los pecadores. El pecado no quedaría borrado en virtud de la misericordia divina. Era necesaria la expiación mediante un sacrificio que Dios pudiera aceptar como válido para que se abrieran las puertas del perdón y la reconciliación. Pero el único sacrificio aceptable a ojos de Dios era el de su Hijo amado, segundo Adán, «a quien Dios propuso como propiciación por medio de la fe en su sangre (...) con la mira de mostrar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y el que justifica a los que creen en Jesús» (Ro. 3:25-26). «Así pues, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Cristo) vino a todos los hombres la justificación de vida» (Ro. 5:18-19).

A la luz de estos textos bíblicos y de otros muchos, se aclara el misterio de nuestra redención. «El que no conoció pecado fue hecho pecado por nosotros para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él» (2 Co. 5:21). Ahora entendemos por qué Jesús no pudo salvarse a sí mismo. La paradoja resplandece con luminosidad celestial. Nos maravilla tanto amor, tan abnegada entrega. Lo hizo por mí. Y por muchos millones de seres humanos que hoy cantamos:

Jesús crucificado, mi Salvador, mi paz
fija en tu amor mi vista, junto a ti quiero estar.
Tu muerte, tu agonía, tu terrible penar
tener presente quiero y humilde contemplar.

José M. Martínez
Gentileza: Pensamiento Cristiano.
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10 de junio de 2008

Luteranos.


Fray Martín Lutero, sacerdote agustino, se levantó indignado contra los abusos que se cometían en este campo y publicó 95 proposiciones acerca de la doctrina de las indulgencias, llenas de ataques en contra de la autoridad eclesiástica. Muchos se adhirieron a su posición.

Dirigió sus ataques contra el celibato, las misas de difuntos y la legislación eclesiástica. Negó la transubstanciación eucarística es decir, que el pan se convierte verdaderamente en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, quedándose iguales las apariencias, y la misa como sacrificio.

Rechazó los sacramentos, excepto el bautismo y la cena del Señor, pidió el matrimonio de los sacerdotes y el establecimiento del divorcio. Luchó en contra del culto de la Virgen y los santos, e introdujo el uso de la lengua popular en el culto, rechazando el latín.

En la Libertad del Hombre Cristiano, afirmó que la fe en Jesucristo que consiste en una ilimitada confianza en su misericordia, no las obras ni los sacramentos, nos dan la salvación.

Según Lutero, antes del pecado original, el hombre era libre y sano, después del pecado, su naturaleza quedó profundamente afectada, sin equilibrio, ni fuerzas ni libertad para resistir frente al mal. Por lo tanto, todos sus actos son manchados por el pecado y son pecaminosos. Solamente una fuerte fe en Cristo lo puede salvar, permitiéndole que sus actos pecaminosos no lo sean imputados.

El año 1555, la Paz de Augsburgo reconoció legalmente la división religiosa, que poco a poco se hizo una moda, surgiendo un sinfín de opiniones y sectas, basadas sobre el principio de la libre interpretación de la Biblia.

Doctrina

- Es la contenida en la "Confesión de Augsburgo" (1530).
-Justificación = perdón y salvación, por la sola fe.
- No sirven las obras buenas.
- A causa del pecado original, la naturaleza humana está completamente depravada, es decir, incapaz de hacer el bien.
- El Evangelio es el medio principal para ponernos en contacto con Cristo.
- Los sacramentos son solamente medios para despertar la fe, pero no son medios de salvación.
- La Iglesia es algo invisible, formada por los creyentes en Cristo, cuya cabeza sigue siendo Cristo, que la guía desde el cielo. No tiene ningún representante aquí en la tierra.
- Esta Iglesia invisible se hace visible cuando se enseña el evangelio y se administran los sacramentos correctamente.

Además, la Iglesia precisa de ministros, que ayuden a los feligreses para encontrarse hacia Cristo.

Organización

- Se empieza por la Congregación, como base, para llegar al Sínodo que reúne a muchas Congregaciones.
- Algunos sínodos admiten el episcopado y en este caso existen diócesis.
- Otros Sínodos no admiten episcopado y entonces se reúnen en Conferencias.
- Para ejercer el ministerio es necesario el llamamiento y la ordenación.
- El culto consiste en la predicación y los cantos.
- Tiene la comunión, con un sentido distinto del católico.
- Conservan el Año Litúrgico.

Los Luteranos son los más decididos en favor de la unidad, primero entre las diversas ramas de su grupo y después entre todos los protestantes.

Zwinglio, muerto en 1531, negó la presencia de Cristo en la Eucaristía y el sacramento del bautismo. en lo demás aceptó completamente la posición Luterana. Sus ideas se impusieron en Zurich, Suiza, pero sus partidarios tuvieron que pelear contra los cantones católicos y fueron vencidos en la batalla de Kappel, 11 de octubre de 1531, en la que fue mortalmente herido.

Gentileza: Church Forum.
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6 de junio de 2008

Cash Luna: "No mi presencia, Señor, sino la tuya".


Conocido familiarmente como Cash, (porque de niño no podía pronunciar su nombre, Carlos, sino "Cash-los"), recibió a Jesús como su Señor y Salvador en 1982, siendo aún joven. Desde entonces, comenzó a servirle apasionadamente, predicando en parques, calles y buses.

En esa misma época, inició sus estudios en la universidad privada Francisco Marroquín en la ciudad de Guatemala, en la cual obtuvo una Licenciatura en Administración de Sistemas de Información, y se graduó con honores Cum Laude.

En el ínterin, contrajo matrimonio con Sonia, quien además de haberle dado tres preciosos hijos, Carlos Enrique, Juan Diego y Ana Gabriela, lo ha apoyado fielmente en su ministerio. Se dedicaba exitosamente a sus negocios personales cuando fue llamado por Dios para servirle a tiempo completo. La presencia de Dios le visitó junto con su esposa Sonia de una forma tan fuerte, que sintieron una noche cómo el peso del Espíritu Santo los hacía hundirse en la cama.

Desde ese día, los milagros y prodigios le siguen a dondequiera que va, y él comprende con todo su corazón que no es su presencia, sino la del Espíritu Santo la que toca a las personas. En 1994, el Señor los llamó a pastorear, naciendo así la congregación que hoy preside, Casa de Dios, una iglesia que se conoce por la manifestación de la presencia de Dios. Siendo aún una pequeña congregación, la gloria de Dios los visitó, dejando como ebrios en el Espíritu a muchos de los presentes, tal y como ocurrió en el día de Pentecostés.

Hoy ésta es una de las iglesias más desarrolladas e influyentes en Latinoamérica, con múltiples servicios que realizan en un auditórium que la congregación edificó. Ese mismo año, inició unas reuniones de unción por las noches, abiertas al público en general, que se denominaron Noches de Gloria, por la poderosa manifestación de la presencia y del poder del Espíritu Santo. Éstas se han desarrollado en cruzadas de sanidad y milagros que llevan a cabo en muchos países de habla hispana. Junto a estas cruzadas, nació el programa diario de televisión que transmite esas reuniones y las prédicas de la iglesia.

Los pastores Cash y Sonia son reconocidos por su ministerio apostólico al Cuerpo de Cristo, el cual se manifiesta en el pastoreo de ministros, la renovación de cientos de iglesias locales y la bendición entregada a cristianos en muchos países. Su principal objetivo como ministro ha sido desarrollar discípulos dentro y fuera de la iglesia, a través de la Palabra de Dios y la unción del Espíritu Santo, provocando un fuerte crecimiento en el equipo de trabajo y en el ministerio. Los pastores Luna tienen como objetivo puesto por Dios, ver la gloria de Dios manifestarse en el mundo entero, a través de la unción y la visión de alcanzar las multitudes para Cristo.

30 de mayo de 2008

Dios paciente, misericordioso y fiel.


I. Lectura del Antiguo Testamento

“Moisés labró dos losas de piedra como las primeras, madrugó y subió al amanecer al monte Sinaí, según la orden del Señor, llevando en la mano las dos losas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados, aunque no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos. Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: Si gozo de tu favor, venga mi Señor con nosotros, aunque seamos un pueblo testarudo; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.” N. B. E.

Éxodo 34: 4- 9.

II. Lectura del Nuevo Testamento

“Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla. El que cree en mí, que soy el Hijo de Dios, no será condenado por Dios. Pero el que no cree ya ha sido condenado, precisamente por no haber creído en el Hijo único de Dios.”

Según Juan 3: 16- 18.

III. Comentario pastoral

El concepto Éxodo, forma latinizada de “éxodos” señala todo un acontecimiento en forma progresiva, motivado por sujetos; y, éstos, inspirados por una Divinidad. No es fácil dejar la tierra donde hemos hundido nuestras raíces aún cuando ésta, no sea la tierra que nos haya visto nacer; no es fácil aceptar una propuesta de salida, sobre todo, si en el lugar en que nos encontramos hay comida y un espacio de habitación familiar

Viendo, desde el ahora, retrospectivamente, nos informamos de un cúmulo de salidas, suscitadas en los cuatro puntos cardinales y justificadas por causas, sueños, aspiraciones y ambiciones en un mundo mejor.

La vida como tal, es un entrar y un salir permanente, alcanzar horizontes para vislumbrar nuevos horizontes. Hay salidas difíciles, desafiantes e indispensables en la vida; sobre todo, porque son “un paso a la libertad, al disfrute de los derechos universales y a la plenificación de la dignidad humana”; ejemplo de esas salidas, encontramos en el Éxodo, libro que relata la salida de los israelitas de Egipto.

Según el Éxodo, Dios ve la aflicción del pueblo, y se dispone a caminar por delante, por detrás y al lado de ellos, asumiendo misiones específicas como: liberador de esclavos, luchador social contra una de las potencias de su época (Egipto) y abogado1 del derecho del pueblo sin derecho en Egipto. El Dios de la justicia actúa en Moisés, Aarón, María, la profetisa, hermana de Aarón y en muchos hombres y mujeres anónimos, amantes de la justicia y la libertad; a través de ellos y ellas es como Dios libera a los israelitas de la esclavitud egipcia.

El Faraón egipcio se resiste en dejar salir a los israelitas. Después de varios intentos fallidos, el pueblo logra salir e iniciar el camino a la libertad. Lógicamente, ese camino a la libertad es desafiante; requiere remar contracorriente, avanzar en medio de los obstáculos y necesidades. Al respecto, comenta Luis Alonso Schökel: “El último acto (del éxodo) se desenvuelve en un escenario cósmico: un desierto hostil que se dilata a la espalda, un agua amenazadora que cierra el paso al frente, un viento aliado que cumple las órdenes de Dios. En la batalla cósmica se consuma la derrota de un ejército prepotente y la salvación de un pueblo inerme…Estos capítulos (del éxodo) se clavan en la memoria del pueblo, convirtiéndose en modelo o patrón de sucesivas liberaciones.”2

Los israelitas que abrazaron la propuesta de liberación vieron la mano de Dios magnífica y lo que hizo a los egipcios en el Mar Rojo, por lo que temieron a Dios y decidieron fiarse de Él y de Moisés, su siervo. Al otro lado del Mar Rojo, los israelitas cantaron: “Cantaré al Señor, sublime es su victoria, caballos y carro ha arrojado en el mar. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Él es mi Dios: yo lo alabaré; el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor……..”3

Los perseguidores de los israelitas habían perecido en el camino por intervención Divina. Ahora, era necesario continuar el camino a la tierra prometida. Llegar a ese punto geográfico implicaba atravesar el desierto, lugar desamparado e inhóspito donde el pueblo es puesto a prueba para templar el aguante y precisar esa rendija de esperanza más allá del desierto. La falta de comida y agua fue más que suficiente para que el pueblo altercara contra Moisés; éste, consulta con confianza y esperanza en su Dios, y Él se hace presente en el maná y en el agua que sale de la roca. En el desierto los israelitas se encuentran verdaderamente con Dios y lo conciben como El que camina con ellos guiando cada uno de sus pasos, protegiéndolos de sus adversarios en el camino, supliendo sus necesidades básicas y dándoles un Código de leyes referentes a la vida cúltica y a la vida social. En ausencia de Moisés4, el pueblo olvidó lo que antes había dicho al conocer los preceptos de Dios: “Haremos todo lo que manda el Señor y obedeceremos”, y dijeron a Aarón: “Anda, haznos un dios que vaya delante de nosotros; pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado.” Inmediatamente Dios le dice a Moisés: “Baja del Monte, que se ha pervertido tu pueblo. Se han desviado del camino que yo les había señalado.” Moisés bajó con las tablas de la ley y al acercarse al campamento y ver lo que estaba pasando, enfurecido, tiró las tablas de la ley y las rompió. Después de este incidente, Moisés intercedió por el pueblo ante Dios y tomó la decisión de levantar una tienda que él denominó “Tienda del encuentro”, y una vez más le pide a Dios que le enseñe el camino que ha de seguir con todo el pueblo.

Con este breve recorrido histórico llegamos al capítulo 34 de Éxodo donde se hace alusión a la Nueva alianza o renovación del pacto de Dios con su pueblo. En los primeros tres versículos leemos la ordenanza de Dios a Moisés: lábrate dos losas de piedra como las primeras: yo escribiré en ellas los mandamientos que había en las primeras, las que tú rompiste. Mañana subirás al monte Sinaí5 y espérame allí, en la cima del monte.

Los versículos 4 al 9 relatan la obediencia de Moisés puntualizando tres momentos sucesivos y articulados:

Subió al monte Sinaí según lo ordenado por Dios.

El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí.

Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.


En los capítulos 19 y 24 vemos que Dios le pide a Moisés subir al Sinaí para darle las losas de piedra con la ley y los mandatos para instruir al pueblo. En el capítulo 34 leemos que Dios le pide a Moisés subir nuevamente al Sinaí, ya no para darle las losas de piedra, sino para escribir en dos losas de piedra que Moisés tenía que prepararlas y cargarlas hasta la cima del Sinaí, probablemente para recordarle que no debió haber roto las que Dios hizo anteriormente. A diferencia del capítulo 24 que dice “cuando Moisés subió al monte, la nube lo cubría, y la gloria del Señor descansaba sobre el monte Sinaí” el capítulo 34 dice que “el Señor bajó en la nube y se quedó con Moisés en el Sinaí”. El encuentro de Dios con Moisés en el Sinaí tiene sus particularidades: Moisés pronunció el nombre del Señor de acuerdo a la experiencia vivida en ese encuentro, el Señor pasó ante él autoproclamando su ser y quehacer: El Señor, el Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia6, que perdona culpas y castiga.

La auto- proclamación del ser7 y quehacer8 de Dios tiene como trasfondo la actitud de desobediencia de los israelitas cuando Moisés se ausentó de ellos. En medio de las infidelidades del pueblo, Dios permanece fiel a sus promesas y se revela misericordioso, clemente y compasivo.

La fórmula auto- afirmativa de Dios de los versículos 6 y 7 deriva probablemente de tiempos de Exequias. En tiempos difíciles fue una fuente de aliento tanto la misericordia de Yavé como su firmeza en enjuiciar a los injustos.9

De los conceptos inmersos en la auto- afirmación del ser y quehacer de Dios, comentamos únicamente dos, considerando que los demás son sinónimos de los comentados.

La noción de misericordia evoca el seno materno, y por consiguiente el movimiento interior y las emociones que siente la mujer. Es un concepto que nos recuerda el amor- afecto que la mujer siente por su hijo o hija. Esto nos lleva a imaginarnos lo que siente Dios por sus hijos e hijas sin importarle las equivocaciones de éstos en el camino de la vida.

El concepto amor (hesed) pertenece al lenguaje típico de la alianza y de las relaciones que se derivan de ella, y sirve para definir o cualificar las relaciones mutuas establecidas entre las partes de una alianza. Es un concepto polisémico, al igual que los demás; denota también gracia, bondad, ternura, fidelidad, gesto de asistencia.

La misericordia, asistencia y fidelidad de Dios es permanente; ningún gesto humano es capaz de transformarla. La actitud castigadora10 de Dios que encontramos en varios textos de la Biblia forma parte de la misericordia y bondad de Dios hacia los seres humanos.

En reacción a la auto- proclamación de Dios, Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo: Si gozo de tu favor, venga mi Señor con nosotros, aunque seamos un pueblo testarudo; perdona nuestras culpas y pecados, y tómanos como heredad tuya.

El Señor, había caminado con ellos. Nunca los abandonó. Las experiencias de crisis que vivieron en el camino tenían como propósito calar la solidez de su confianza y dependencia en el Dios Salvador. La presencia de Dios es manifiesta en todo el camino y de muchas maneras. No siempre como a los humanos nos gusta.

Lo relevante en el éxodo es la actitud misericordiosa de Dios, que cual Madre tierna, bondadosa y asistente, acompaña a sus hijos e hijas en el largo camino que tienen por delante.

Reynaú Omán S. Marroquín, México
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16 de mayo de 2008

Carlos Saavedra Martínez - Necesidad de Adorarte.


Necesidad de adorarte

Solo a ti sea la gloria mi señor,
En estos momentos tengo la necesidad de adorarte y alabarte.
Tú eres el camino para nuestros corazones.
Mis rodillas firmes, se doblegan ante ti, y para ti.

Eres mi único Rey y Dios,
Confieso ante ti, y el mundo, que tú eres el señor.
El vivir para ti, cada vez se hace más necesario.
Mi espíritu tranquilo descansa contigo.

Se que me amas como yo a ti,
Se que nos buscas para servirte y servir a los demás.
Tu perdón en la cruz, no fue en vano,
Creo en ti.

Tú presencia, esta presente,
Estoy con un corazón dispuesto para ti.
Lejos muchas veces hemos estado de ti,
Pero, tú con un beso una vez más nos perdonas.

Después de mi largo viaje estoy aquí mi señor, mi salvador.

Por: Carlos Saavedra Martinez

Mis bendiciones para todos los que creemos en el.
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8 de mayo de 2008

Cash luna - Sólo así tendrás éxito.


Insistimos en pensar negligentemente y pensamos en la escasez y creemos que es sinónimo de humildad, en vez de ser valiente para salir adelante

Estuve hablando del poder de la insensatez. La Palabra nos dice que tiene un mal adentro; y esa palabra en el original es la misma que se usa para demonios. Desata una fuerza demoníaca en la vida de la gente. A veces, tus finanzas se ven afectada por una fuerza de estas, porque seguimos siendo insensatos y eso sigue atrayendo a los demonios aunque los reprendamos. ¿Cuándo la mente del ser humano está pensando en tener menos? No piensa en que le den un descenso o dice: “¡qué bendición! me bajaron el sueldo…” O “¡Qué testimonio, tuve que sacar las cosas de mi casa porque no tengo nada!”. Eso es testimonio de algo malo, de a dónde nos puede llevar la insensatez. La mente del diligente tiende a abundancia. No importa que le diga su amigo “evangelicoide,” que tenga otra doctrina. Mire al ser humano que con su insensatez, está destruyendo el planeta, nos acabamos los bosques y no sembramos más, ensuciamos los lagos y no hay modo que los terminemos de limpiar.

Insistimos en pensar negligentemente y pensamos en la escasez y creemos que es sinónimo de humildad, en vez de ser valiente para salir adelante.

Josué 1:4
Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.

¿Dios piensa en escasez o en abundancia? Les dijo: “Ahí donde se pone el sol, ahí es tu territorio”. Usted sigue caminando y se mueve el sol, nunca llega a donde está. Dios es ambicioso para darles a sus hijos. Usted camina quince kilómetros, y parece que no va a llegar. Lo que hoy tienes no es todo lo que Dios tiene para ti, Dios tiene algo más, y lo que tengas cada día, Él tendrá algo más. La gente tal vez escucha este tipo de mensaje y dice: “¿Estos qué se creen?” Pero somos hijos del Dios Altísimo. Ese es nuestro Padre. Si lográramos por veinticuatro horas pensar como Él piensa, ¿qué nos podría suceder? ¿Alguna vez ha tenido una discusión con alguien, esta tratando de hablarle de algo y usted le contesta: “yo no pienso así” ¿A cuántos alguien les ha dicho: “Yo no pienso así”? Cuando el diablo les hable de escasez, le debe decir: “Yo no pienso así”. Cuando le hable de enfermedad, de que sus hijos se van a perder, etc., dile lo mismo, “Yo no pienso así”.

Ninguna nación ha salido adelante sin cambiar sus pensamientos. Todos quieren cambiar gobernantes, pero no cambiamos nuestra manera de pensar. La Palabra dice: “Serás bendito en la ciudad y en el campo, en ambas partes, dondequiera que vaya. Yo os he entregado, dice. Verso 5. Mientras caminas para poseer las promesas de Dios, aparecen enemigos, pero les dices que se quiten del camino porque está escrito que ni eso ni nada podrá hacernos frente todos los días de nuestra vida. El Señor cambió el orden: “Como estuve con Moisés, estaré contigo,” pero no en la misma forma. Cuando estaban en el desierto, el Señor les decía: “Cuando la nube se mueve, ustedes se mueven”. Vivian esperando que algo pasara. Eran guiados por una nube. Mucha gente está equivocada diciendo: “Es que la nube se movió”. No hay tales que hoy en día la nube se mueva, eso desapareció con Moisés. Muchas veces, hasta se cambian de iglesia, pues dicen que la nube se movió. La gente dice hoy “siento que la nube…” Se oye tan lindo, tan espiritual… El pueblo en ese entonces, se movía con una nube que ellos veían. Pero cuando Josué oye a Dios y Él le dice: “Como estuve con Moisés, estaré contigo”. Viene Josué y esperó la nube, pero Dios cambió su manera de guiar al pueblo y le dijo: “Todo lo que la planta de tus pies toquen, será tuyo”. Tú no vas donde la nube va, yo Dios voy donde tú vas, yo entro donde tú entres, te daré lo que la planta de tus pies pisen. Si tú te mueves, Dios se mueve. Donde quiera que vayas, estaré contigo. Ahora era al revés, Dios estaba sentado esperando a que Josué caminara. El paraba, Dios paraba. ¿Sabe por qué Dios ha dejado de hacer cosas en su vida? Porque usted ha parado. Ese espíritu emprendedor que tenías, lo dejaste. ¿Dónde lo dejaste tirado? ¿O tuviste una conversación con tu enemigo el diablo que te dijo “algo” y le diste la razón? Hoy vas a recuperar tu espíritu de conquistador. El espíritu que estaba en Josué y Caleb. Dios dio instrucciones precisas a Josué. Dios está conmigo donde quiera que yo vaya. La gente está esperando muchas veces. Creen que Dios los enviará a un lugar lejano a evangelizar, y no empiezan con lo pequeño, con lo que tienen cerca.

“Dondequiera que vayas, Dios va contigo”. Verso 5-9. Nadie te podrá hacer frente, en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

La palabra para esforzarse es “chasac”, quiere decir “reparar, rígido, sustancioso, severo”. Es una palabra que insinúa una correcta violencia en nuestra manera de vivir, un esfuerzo. Para “valiente”, utiliza la palabra “amat”, que quiere decir: “valiente, obstinado, alerta, bravo, determinado, coraje, santa terquedad”. Para poseer las promesas de Dios, tenemos que ser obstinados, bravos, valientes, tercos; pero hay unos cristianos hoy que no toman la autoridad como deben. Reprenden al diablo, pero sin autoridad y carácter.

Hemos confundido el amor de Dios. Amor no quiere decir la ausencia de estas cosas, uno tiene que ser firmemente amoroso o amorosamente firme.

La definición de esfuerzo es esforzarse contra una resistencia. No espere salir adelante sin ésta. ¿Por qué oyen de crisis y se asustan, en vez de esforzarse contra esa resistencia?

Juan 3
El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de los cielos. Si naces de nuevo, puedes verlo, pero no necesariamente vivir en él, porque para establecerlo, se requiere más. Cuando te esfuerzas y eres valiente por cumplir su Palabra, lo vives. Hay gente que nace de nuevo, se sienta en las iglesias, incluyendo esta, y no se esfuerzan. Cuando usted termine el día de trabajo en su oficina, y al final éste usted diga: “Estuvo poderoso, entonces ha empezado a vivir en el reino de Dios”. No sólo lo está viendo, sino viviendo. Cuando dice: “A pesar de todos los ataques que mis hijos han tenido, ahora los veo de pie, triunfadores. Esto sí ha estado poderoso”. Cuando al fin dejes de decir “qué poderoso estuvo el mensaje,” y diga “que poderosamente estoy viviendo,” entonces estás tomando lo que te corresponde, lo que tienes que poseer, lo que te prometió. Otra definición es: “Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin”. ¿Cuándo te vas a esforzar? El equilibrio entre la prudencia y la fe es que puedas decir: “Sólo con esto puedo ahora, pero me voy a esforzar por algo mejor mañana”. Ese es el punto de equilibrio entre fe y prudencia. Empleo enérgico del vigor y buen ánimo para conseguir algo venciendo dificultades. Yo sé que soy valiente y esforzado cuando enfrento dificultades. ¿Cuántos de ustedes quieren ser realmente personas esforzadas y valientes? Entonces debes aceptar la dificultad, ser esforzado y valiente.

Josué 1:6 en adelante Versión al Día
Esfuérzate y se valiente, porque tú dirigirás a este pueblo con éxito y conquistarán toda la tierra que prometí a sus antepasados.

Usted conoce al líder de la empresa, no porque sea el dueño, sino porque guía a la gente con éxito. Usted conoce a un buen catedrático, no porque haga perder a todos, sino porque los saca a todos con éxito. Conoces a un líder de un equipo porque lo lleva a la victoria, así tenga que poner normas de disciplina en su equipo, porque sabe que su equipo es de victoria, y no unos holgazanes. Llegó con su entrenador uno de los jugadores del equipo de baloncesto, y tenía barba. El entrenador le dijo que debía rasurarse si quería jugar. Pero él le dijo que era su decisión el rasurarse o no. A lo que el entrenador respondió: -Tú toma la decisión de conservar tu barba, que yo ya tomé la decisión de conservarte en el banco. Tú usa tu libertad, y yo uso la mía-. Me temo que algunos de ustedes no están educando a sus hijos así. Que su “sí” sea sí, y que su “no” sea no. Conquista una buena familia para Cristo, una buena nación para nuestro Señor. Solamente si te esfuerzas y eres valiente para obedecer al pie de la letra la ley que Moisés te dio, triunfarás. Solamente así tendrás éxito.

No hablemos del éxito en tu oficina, sino del espiritual. Sólo hay una manera de tener éxito, ser esforzado y valiente, teniendo la Palabra en la boca y meditar de día y de noche. Usted sabe 700 versículos y el de la par sólo tres y cumplirlos. ¿Es el conocimiento de que ya sé lo que me lleva al éxito, o el hacer lo que conozco? Normalmente, uno conoce más de lo que hace, pero hay quienes no hacen nada de lo que conocen. Toda palabra que escuches, no será exitosa hasta que no la practiques. Cuando tú compartas del Señor, no se trata de presumir tu conocimiento, o que el otro diga: “Ah, cómo sabe”. De nada sirve saber lo que sabes, hasta que lo pones por obra. Puedes conocer todas las promesas y no haberte apropiado de ninguna. ¿Cuánta gente sabe “por tu herida fuimos sanados,” pero están enfermedad tras enfermedad? Padecemos hoy en el mundo general del síndrome de “cultitis aguda,” gritando “gloria a Dios,” pero necesitamos practicantes de esa Palabra que has admirado, militantes de lo que creen. No es fácil. Quiera Dios que hoy salgas de aquí amando lo difícil, no digo que cuando sea fácil, no lo tomes, pero si esperas que todo sea fácil porque Dios está contigo, estás equivocado. Dios dijo: “Esfuérzate y sé valiente para poseer lo que te prometí. Juré que te lo daría, pero quiero que te esfuerces”. Ese dicho que dice: “Debe ser de Dios porque todo está saliendo fácil…” nada de eso.

Hay diferentes tipos de esfuerzo. Hay uno que haces que es más allá de tus fuerzas. Uno siente, cuando hace ejercicio y se esfuerza, siente que los músculos se le queman. Eres un estudiante que saca 70 u 80, pero dices “me voy a tirar a los 90,” y te desvelas, tienes que leer más horas al día, etc. Por otra parte, hay otro tipo de esfuerzo que se siente, pero normalmente no nos estamos esforzando con nuestras fuerzas. Como cuando estás enfermo, te levantas de la cama, empiezas a sentir todo el cuerpo pesado, te sofocas, y haces un esfuerzo. Dices que te estás esforzando en base a que lo sientes en tu cuerpo, pero lo que sientes es la ausencia de las fuerzas normales que tienes. Y hay momentos en la vida que sientes que te esfuerzas y no lo logras, pero no es que estés por encima de tus fuerzas, sino por debajo de ellas, estás mal, tienes una mala actitud, tienes días de hacer las cosas mal; no es que no aguantes, sino que estás mal. Una cosa es cuando rompes el umbral de tu fuerza para adquirir nuevas, y otra que por el mal estado en que te encuentras, ni las fuerzas normales te salen. Cuando aconsejas a alguien, sabes si llega en sus fuerzas normales y debes motivarlo para que dé un poco más, pero hay otras en que notas que no tienen fuerzas normales para nada, porque estaban mal. A veces, nos tenemos que esforzar para llegar a lo normal. Tuviste un accidente, tu pierna está mal, estás en rehabilitación y haces un esfuerzo, pero es porque estás mal. Por mal que te sientas, el esfuerzo es válido. ¿Cuántas veces has dicho ya no lo aguantas, que no soportas? Estás hablando de tus fuerzas en ese momento y es cuando tienes que decir: “Dios está conmigo, me voy a esforzar y ser valiente”. Recuerdo que ya casado, decidí regresar a la Universidad. A las 7 am., entraba al trabajo, salía a las 5 pm., pasaba a tomarme un café y leía las escrituras, a las 6 pm. Entraba a la Universidad, salía a las 9:30 pm. Y a las 11 pm. tomaba clases particulares de finanzas. Al mismo tiempo, fui campeón en mi trabajo, estaba bien en mi hogar y me gradué con honores en la universidad. Recuerdo que un día después de un examen, llegué al garaje de la casa, y Sonia me encontró agarrado de un tubo, a punto de vomitar.

Terminé mis exámenes privados en la Universidad, y del examen a la plataforma a predicar. La gente a veces me dice “¿Cómo hace para aguantar?” Pero lo he hecho por años, esforzándome por décadas. El resultado de hoy, es el resultado del esfuerzo de los años anteriores. Cuando el ángel del Señor se le apareció a Josué, el mayor premio que podemos tener al esfuerzo de cumplir su Palabra es la presencia misma de Dios, ese es el premio mayor. Mientras meditaba en esta escritura, me recordé de algo: Cuando un soldado va a la guerra y hace un acto de heroísmo, le aplauden, siente satisfacción por aquellos que rescató, por el logro, le mandan una medalla, un oficial mayor le pone la medalla, todo eso lo satisface, pero lo que más le satisface es cuando el presidente entra, y lo saluda y lo reconoce. Créame que servir requiere de aguante, y uno mira las recompensas de servir al Señor. Ahora tienes más empleados que antes, has logrado pagar mejor, te has esforzado por lograrlo y te pueden dar medallas y documentos que te reconocen, diplomas y los puedes colgar en la pared, pero el mayor premio de guardar lo principios del Señor, no van a ser las conquistas, sino cuando te presentes delante del Señor, te salude, te reconozca y diga: “Adelante, Varón valiente y esforzado, en lo poco fuiste fiel, en lo mucho serás puesto, entra”. El mayor premio a la santidad no es el cielo, sino ver el rostro del Señor. La Biblia dice que Sin santidad, nadie verá a Dios. Quizás llegues al cielo, pero nunca lo verás. Pero si te mantienes en santidad, no sólo vas a llegar allá, sino lo vas a ver.

El mayor éxito es que el día que mueres, tengas la vida garantizada con el Señor.

Por: Siervo Cash Luna
www.cashluna.org
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Marcos Witt - Viendo con los ojos del Espiritu.


VIENDO CON LOS OJOS DEL ESPÍRITU
Por Marcos Witt

Hoy quiero escribirle sobre la importancia de ver con los ojos de nuestros espíritu. La Biblia de hecho nos habla de tener "ojos de entendimiento". El Salmista David pidió: "abre mis ojos y mirare las maravillas de tu ley" (Salmos 119:18).


El apóstol Pablo escribió que oraba para que: "....Sean alumbrados los ojos de vuestro entendimiento..." (Efesios 1:18).

Es sumamente importante desarrollar los ojos de nuestro espíritu, porque muchas veces tendemos a ver solamente con nuestros ojos naturales. Y lo que vemos con los ojos naturales a veces no es lo mejor. Puede ser que usted vea problemas que no tienen solución. Es entonces, donde debemos ver con los ojos de nuestro espíritu, para tener una perspectiva diferente, la perspectiva de Dios.

Ahora, la pregunta es ¿cómo desarrollar los ojos de nuestro espíritu? Primeramente enfóquese bien, examine que esta viendo con sus ojos naturales, que esta permitiendo entrar a su corazón. Lo que entra en nuestra vida, tarde o temprano es lo que va a salir. Llénese de la palabra de Dios, de esta manera es que usted se va enfocar en lo que Dios quiere que usted vea. Segundo, sueñe. ¿Que esta visionando para su mañana?, ¿Que esta esperando para su vida?. Tercero, tenga fe. "Es, pues,
la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1)

En el amor de Cristo,
Marcos Witt
© Marcos Witt 2004
Houston Tx.
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5 de mayo de 2008

Espíritu, hombre y Dios.

El auge de los movimientos del Espíritu que aspiran a recuperar el sentido de la oración y poner otra vez de moda los retiros espirituales así como los encuentros de meditación y alabanza, no cabe duda que suponen un beneficio general para la Iglesia pues contribuyen a fomentar una espiritualidad necesaria. Sin embargo, uno de los peligros que conlleva esta ola contemporánea de nueva espiritualidad es el de falsificar, sin pretenderlo, al verdadero Dios de la Biblia o sustituirlo por ídolos humanos. Los excesos en este sentido fomentan una interioridad emocional, una vivencia interior intensa, pero que no da lugar a una movilización exterior que provoque un cambio de actitudes sociales o una regeneración moral de la persona.

Con demasiada frecuencia, esta mal entendida espiritualidad da lugar a congregaciones que en el fondo son grupos emocionales dependientes de un líder que es quien les proporciona calor, sentido y participación. Cuando esta persona desaparece, o se equivoca, el grupo tiende a deshacerse porque, en realidad, dependía del pastor más que de Dios. Se había llegado así a idolatrar al dirigente hasta el extremo de que si éste fracasa a nivel personal, toda la congregación fracasa también y se desintegra por completo.

En un mundo secularizado que niega continuamente a Dios, los cristianos evangélicos corremos el riesgo de volcarnos hacia el lado opuesto y crear un espiritualismo desencarnado, una religiosidad que apueste por un Dios ajeno a la historia humana que sólo se haría presente en determinados momentos de oración eufórica, de culto emotivo o alabanza fluida.

Sin embargo, la huida de nuestra tarea en el mundo no será nunca la verdadera religión pura de que nos habla el Nuevo Testamento y que consiste en el amor de “visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Stg. 1:27).

No hay por qué dudar de la autenticidad de muchas actitudes religiosas, ni de la sinceridad del corazón del creyente que ora bajo la influencia del Espíritu Santo, pero sí que es conveniente proclamar que existe el peligro de que extraviemos nuestros caminos y volvamos a cometer equivocaciones parecidas a las de los religiosos de la época de Jesús.

El Maestro denunció la religiosidad espiritualista de los escribas y fariseos que consistía precisamente en hacer lo opuesto a lo que escribió Santiago: “¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación” (Mt. 23:14).

¿De qué sirve participar activamente en cultos muy espirituales si en la vida cotidiana no se actúa con misericordia y amor al prójimo? Lo cúltico, lo espiritual, lo sagrado o lo religioso no pueden sustituir a Dios ni a la responsabilidad que cada creyente tiene delante de él. El culto racional no debe convertirse en una idolatría de los sentimientos o los deseos humanos, ni en una huida del mundo, sino en una acogida gozosa y responsable de nuestra misión en la sociedad. Jesucristo nunca concibió otra forma de rendirle culto a Dios, para él no hay acceso posible al creador del universo fuera de la dedicación y el compromiso con ese reino de la fraternidad.

El creyente no puede pasar de largo ante los caídos en la cuneta de la historia. Toda búsqueda de Dios, al margen de esta suprema ley, acaba tarde o temprano creando a un Dios falso y practicando un espiritualismo anticristiano.

La gloria de Dios no reside en que el hombre le mencione, le cante o le dé culto en determinados momentos, sino que es la vida entera de los seres humanos. Más que hablar, cantar o danzar es vivir cada día con coherencia. La propia vida de los cristianos es el reconocimiento de Dios como Padre que desea plena comunión con sus hijos. Aquellas mismas palabras que un día escucharon los discípulos de Cristo: “¿por qué estáis mirando al cielo?” (Hch. 1:11), resuenan hoy con fuerza sobre todos los empeños espiritualistas.

Es en esta tierra, en la que por desgracia su voluntad todavía no se cumple, donde tenemos la obligación de seguir mirando y donde Dios quiere ser encontrado por cada ser humano. De manera que a Dios no se le debe buscar en el espiritualismo, sino en el Espíritu Santo y en el Cristo humanado.

A Dios tampoco se le puede amar en abstracto o de forma espiritualista. Como escribió el apóstol Juan: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Jn. 4: 20). El que ama a Dios no puede ignorar a sus hermanos. Sin embargo, los espiritualismos buscan a Dios donde ellos quieren y no donde él espera ser hallado, por eso son tan peligrosos para la Iglesia del Señor ya que pueden privarla de su fidelidad a Dios y de su credibilidad ante los hombres.

Gentileza: Protestante Digital.
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28 de abril de 2008

Salmos 91

Salmos 91
-Morando bajo la sombra del Omnipotente-


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1 El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.

2 Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.

3 El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.

4 Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.

5 No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,

6 Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.

7 Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.

8 Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.

9 Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,

10 No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.

11 Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.

12 En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.

13 Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón
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14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

15 Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.

16 Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.


Este salmo no lleva título; no se conocen ni su autor ni la ocasión en que fue compuesto. Tampoco puede asegurarse si el salmista se dirige a un individuo o a la nación. Vemos:
I. La exhortación del salmista a tomar a Dios por refugio y fortín (vv. 1,2).

II. Las promesas, en nombre de Dios, a los que a El se adhieren sinceramente: 1. Serán guardados especialmente por el Cielo (vv. 1, 4). 2. Serán librados de la mala influencia de los poderes de las tinieblas (VV. 3, 5, 6) mediante una especial preservación (vv. 7,8). 3. Estarán bajo el cuidado de los ángeles santos (vv. 10-12). 4. Triunfarán sobre sus enemigos (v. 13).5. Serán los favoritos especiales de Dios (vv. 14-16).

Versículos 1-8

1. Una gran verdad de amplitud general: Todos los que viven una vida de comunión con Dios, están continuamente a salvo bajo su protección y, por tanto, pueden gozar siempre de una gran serenidad mental (v. 1). El verdadero creyente habita al abrigo del Altísimo; está en la morada de Dios, vuelve a Dios y en El descansa como en el lugar de su reposo permanente; sirve de corazón a Dios y le adora dentro del velo. Tales privilegiados moran bajo la sombra del Omnipotente; El les sirve de refugio y cobertura.

2. La aplicación que de esto hace el salmista para sí mismo (v. 2):

«Diré de Yahweh, digan otros lo que digan, El es mi refugio y mi fortín. »Los idólatras llamaban a sus ídolos mauzzim, fortines inexpugnables (Dan. 11:39), pero en eso se engañaban a sí mismos, pues sólo los que hacen de Yahweh su fortín están a salvo de todo ataque. Por eso, puede el salmista decir con toda seguridad: Mi Dios, en quien confío.

3. El gran ánimo que da a otros para que hagan lo mismo, no sólo por la experiencia que él tiene, sino también por la firmeza de la promesa de Dios (vv. 3 y ss.): «Él te librará, etc.» Se promete aquí:

(A) Que los verdaderos creyentes serán preservados de peligros inminentes que podrían serles fatales (v. 3). Esta promesa se extiende:

(a) A la vida natural y se cumple con frecuencia cuando somos preservados de muchos peligros que nos amenazan muy de cerca. (b) A la vida espiritual, que, por la gracia de Dios, está protegida de las tentaciones de Satanás.

(B) Que Dios mismo será su protector (v. 4): «Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro», lo que alude a Dt. 32:11 (comp. Mt. 23:37). Con su instinto maternal, la gallina no sólo protege a sus polluelos, sino que los llama cuando los ve en peligro para que vengan a protegerse bajo sus alas; no sólo los pone a seguro, sino que les conserva el calor. Dios se complace en compararse a un ave por el sumo cuidado con que protege a los suyos. Plumas y alas, aun extendidas con toda ternura, son débiles y frágiles; por eso se añade: «Escudo y adarga es su verdad»: la fidelidad a su promesa es una fuerte defensa. Dios está dispuesto a proteger a su pueblo como una gallina a sus polluelos, pero tiene poder para ello como un guerrero bien armado.

(C) Que no sólo los guardará del mal, sino también del temor del mal (vv. 5, 6). Con su gracia, Dios nos guarda del temor desconfiado (de ese temor que comporta castigo; 1 Jn. 4:18) en medio de los mayores peligros. La sabiduría te preservará de tener miedo sin motivo, y la fe te preservará de tener un temor desordenado. No temerás ni aun a las saetas, sabiendo que, aun en el caso de que te alcancen, no te pueden hacer daño; si alguna vez llegan a quitarte la vida natural, lejos de perjudicar a tu vida espiritual, le servirán de perfección y corona.

(D) Que serán preservados, en las calamidades comunes, del daño que a otros puedan ocasionar (v. 7): «Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra, ya sea de peste o a espada (comp. Ex. 12:23), mas a ti no llegará.», Cuando vemos morir a muchos en torno nuestro, aun cuando ello pueda servirnos de aviso para estar preparados a morir, no tenemos por qué estar atemorizados, pues no estamos ya sujetos a esclavitud, como muchos, por temor a la muerte (He. 2:15). «Sólo (lit.) con tus ojos mirarás, etc.» (v. 8). Quizás aluda a Ex. 14:3 1.

Versículos 9-16

Más promesas con el mismo objetivo que las anteriores.

1. El salmista asegura a los creyentes que están bajo la protección de Dios, y habla por su propia experiencia.

(A) Describe el carácter de quienes tendrán el beneficio y el consuelo de tales promesas: Son los que han puesto a Yahweh por refugio; al Altísimo, por morada (v. 9), pues al permanecer en el amor, permanecen en Dios (1 Jn. 4:16). Es nuestro deber tener a Dios por morada, para vivir así en El como en nuestra mansión; eso es lo que El desea y a eso nos invita, como a quien le entregan la llave del piso o de la casa.

(B) Para animarnos a hacer de Dios nuestra habitación y esperar hallar en El refugio y satisfacción, el salmista da a entender, en un inciso («que es mi refugio»; lit.), el consuelo y beneficio que él había hallado allí. Como diciendo: «Allí hay sitio para ti, como lo hay para mí.»

(C) Las promesas son seguras para cuantos han hecho del Altísimo su habitación (v. 9b). Les pase lo que les pase, nada puede dañarles (v. 10): «Aunque te sobrevengan angustias o aflicciones, no habrá en ellas verdadero mal, pues procederán del amor de Dios y, así, estarán santificadas; vendrán, no para tu daño, sino para tu bien; y, aunque ninguna disciplina parece al presente ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después, etc. » (He. 12:11).

(D) El Señor de los ángeles, el que les dio el ser y les ordena lo que han de hacer, les dará orden acerca de ti (vv. 11-13), de que te guarden en todos tus caminos, es decir, en las diversas actividades de la vida cotidiana. El tentador (Mt. 4:6; Lc. 4:10, 11) citó dichos versículos del salmo, para incitar al Señor Jesús a que se echara desde el pináculo del templo, pero el salmo ciertamente no da esas seguridades a quien se expone a un peligro temerariamente y sin necesidad, ya que eso no es confiar en Dios, sino tentar a Dios. El salmista cita los animales que simbolizaban los mayores peligros («el león... el áspid... el dragón») para incluir en ellos todo peligro posible. Cristo ha quebrantado la cabeza de la serpiente infernal (Gn. 3:15) y ha despojado a nuestros enemigos espirituales (Col. 2:15). Puede aplicarse al cuidado especial de la Providencia para que no nos dañen las fieras (comp. Job 5:23) y aun para que hallemos los medios de domesticarlas (Stg. 3:7).

2. El salmista introduce después a Dios mismo hablando a los santos palabras de consuelo, y declarando la misericordia que les tiene reservada (vv. 14-16). Obsérvese:

(A) A quiénes pertenecen dichas promesas; se describen mediante tres señales: (a) Los que han puesto en Dios su amor (v. 14); le aman quienes le conocen bien. (b) Los que conocen su nombre (v. 14b). No podemos conocer perfectamente su naturaleza, pero se nos ha dado a conocer por su nombre, y por sus obras. (c) Los que le invocan en oración (v. 15), guardando con El una correspondencia constante.

(B) Cuáles son las promesas que Dios hace a los santos: (a) Que, a su debido tiempo, los librará de su angustia (v. 14); «lo libraré», y, de nuevo (v. 15), denotando una doble liberación: de la angustia y en la angustia. (b) Por tanto, que si no pone fin de inmediato a sus aflicciones, estará presente y muy cerca de ellos mientras pasan por las dificultades. (c) Que responderá a sus oraciones: «Me invocará y yo le responderé mediante los actos de mi providencia y los auxilios de mi gracia, fortaleciendo el vigor de su alma (138:3), como le respondió a Pablo con gracia suficiente (2 Co. 12:9). (d) Que los enaltecerá y dignificará: «Le pondré en alto, a salvo de todo peligro y por encima de la zona tempestuosa, en una roca sobre las olas» (Is. 33:16). Mediante la gracia de Dios, podrán contemplar desde allí, con santo menosprecio y activa indiferencia, las cosas de este mundo, mientras contemplan con santa ambición y concentrado interés las cosas del mundo de arriba. (e) Que tendrán lo suficiente para vivir en este mundo (v. 16): «Lo saciaré de vida larga; continuará en este mundo hasta que haya llevado a cabo la obra para la que vino al mundo y esté completamente maduro para el Cielo. Una persona puede morir joven y, sin embargo, morir llena de días. (1) Que tendrán vida eterna en el otro mundo, con lo que se coronan las demás bendiciones: «Le mostraré mi salvación» (v. 16b). No es probable, sin embargo, que se refiera al otro mundo —nota del traductor—, sino al especial cuidado de la Providencia en los asuntos y peligros de este mundo, pues la vida de ultratumba estaba fuera del objetivo del autor del salmo.
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Gentileza: www.adorador.com

bendiciones.
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11 de abril de 2008

Dios - El Espíritu Santo: Su personalidad


A. La importancia de su personalidad

En la enseñanza de las verdades fundamentales relativas al Espíritu Santo debería hacerse un énfasis especial sobre el hecho de su personalidad. Esto es porque el Espíritu no habla ahora de sí mismo; más bien, El habla lo que El oye (Jn. 16:13; Hch. 13:2), y El dice que ha venido al mundo para glorificar a Cristo (Jn. 16:14). En contraste a esto, la Escritura representa a ambos, el Padre y el Hijo, como hablando de sí mismos; y esto, no sólo con autoridad final y por medio del uso del pronombre personal Yo, sino que también presentándoles como en una inmediata comunión, cooperación, conversión, el uno con el otro. Todo esto tiende a hacer menos real la personalidad del Espíritu Santo, quien no habla desde sí o de sí. Como consecuencia, en la historia de la iglesia, la personalidad del Espíritu fue descuidada por algunos siglos; sólo cuando la doctrina del Padre y del Hijo fue definida, como sucedió en el Credo de Nicea (325 d.C.), el Espíritu fue reconocido como una personalidad en los credos de la iglesia.

La forma como fue definida más tarde la doctrina ortodoxa, la verdad escritural de que Dios el Padre subsiste o existe en tres Personas -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo-, fue generalmente reconocida. La Escritura es completamente clara cuando dice que el Espíritu Santo es una Persona tanto como Dios el Padre y Dios el Hijo, y aun así, como se ve en el estudio de la doctrina de la Trinidad, las tres Personas forman un Dios y no tres.

B. La personalidad del espíritu santo en las escrituras

1. El Espíritu hace aquello que sólo una persona puede hacer.

a) El convence al mundo: «Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Jn. 16:8).

b. El enseña: «El os enseñará todas las cosas» (Jn. 14:26; ver también Neh. 9:20; Jn. 16:13-15; 1 Jn. 2:27).

c) El Espíritu habla: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!» (Gá. 4:6).

d) El Espíritu intercede: «Pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles» (Ro. 8:26).

e) El Espíritu guía: «Guiados por el Espíritu» (Gá. 5:18; cf. Hch. 8:29; 10:19; 13:2; 16:6-7; 20:23; Ro. 8:14).

f) El Espíritu señala a los hombres para el servicio específico: «dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado» (Hch. 13:2; cf. Hch. 20:28).

g) El Espíritu está El mismo sujeto a un plan (Jn. 15:26).

h) El Espíritu ministra: El regenera (Jn. 3:6), El sella (Ef. 4:30), El bautiza (1 Co. 12:13), El llena (Ef. 5:18).

2. Él, como una persona, es afectado por otros seres.

a) El Padre le envía al mundo (Jn. 14:16, 26), y el Hijo le envía al mundo (Jn. 16:7).

b) Los hombres pueden hacer enojar al Espíritu (Is. 63:10), pueden contristarle (Ef. 4:30), pueden resistirle (1 Ts.5:19), pueden blasfemarle. (Mt. 12:31), pueden mentirle (Hch.5:3), pueden hacerle afrenta (He. 10:29), pueden hablar en contra de El (Mt. 12:32).

3. Todos los términos bíblicos relativos al Espíritu implican su personalidad.

a) El es llamado «otro Consolador» (Abogado), lo cual indica que El es una persona tanto como lo es Cristo (Jn. 14:16-17; 26; 16:7; 1 Jn. 2:1-2).

b) A El se le llama Espíritu en el mismo sentido personal que Dios es llamado Espíritu (Jn. 4:24).

c) Los pronombres usados para el Espíritu implican su personalidad. En el idioma griego la palabra «espíritu» es un nombre neutro, el cual, naturalmente, requiere un pronombre neutro, y en unas pocas oportunidades es usado (Ro. 8:16, 26); pero a menudo se usa la forma masculina del pronombre, enfatizando el hecho de la personalidad del Espíritu (Jn. 14:16-17; 16:7-15).

C.- Como una persona de la trinidad, el Espíritu Santo es co-igual con el Padre y el Hijo.

1. Él es llamado Dios.

Este hecho se verá comparando Isaías 6:8-9 con Hechos 28:25-26; Jeremías 31:31-34 con Hebreos 10:15-17. (Notar también 2 Co. 3:18 y Hch. 5:3, 4. « ¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?... No has mentido a los hombres sino a Dios».) A pesar de que los juicios de Dios han caído tan drásticamente sobre algunos que han mentido contra el Espíritu (Hch. 5:3), y aunque a los hombres evidentemente no se les permite jurar en el nombre del Espíritu Santo, y aunque El es llamado el Espíritu Santo, es cierto que El no es más santo que el Padre o el Hijo; la absoluta santidad es el primer atributo del Trino Dios.

2. Él tiene los atributos de Dios
(Gn. 1:2; Job 26:13; 1 Co. 2:9-11; He. 9:14).

3. Él Espíritu Santo ejecuta las obras de Dios
(Job 33:4; Sal. 104:30; Lc. 12:11-12; Hch. 1:5; 20:28; 1 Co. 6:11; 2:8-11; 2 P. 1:21).

4. Como se indica arriba, el uso de los pronombres personales afirma su personalidad.

5. Se presenta al Espíritu Santo en la Escritura como un objeto personal de fe
(Sal. 51:11; Mt. 28:19; Hch. 10:19-21).

Como un objeto de fe, Él es también Alguien a quien se le debe de obedecer. El creyente en Cristo, caminando en compañerismo con el Espíritu, experimenta su poder, su guía, su instrucción y su suficiencia, y confirma experimentalmente las grandes doctrinas concernientes a la personalidad del Espíritu, la cual es revelada en la Escritura.
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Bendiciones.
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7 de abril de 2008

Momentos de la Reforma: La derrota de la Armada Invencible.


Para fines de del siglo XVI, la Contrarreforma ya se había organizado y el catolicismo recuperaba terreno otrora ganado por los protestantes. Por supuesto, no sería a fuerza del convencimiento, sino de la aniquilación sistemática.

Pero hubo un punto en la historia que definiría el destino de la Reforma, su consolidación o su desaparición.

Desde 1556, reinaba en España Felipe II, de la casa de los Habsburgo, aliados de Roma y archienemigos de los protestantes.

En el apogeo de su poder, decidió invadir Inglaterra, en ese entonces un bastión protestante. Especialmente con ese objetivo, preparó una colosal fuerza naval que fue llamada “La Armada Invencible”.

El 20 de Mayo de 1588 partieron de Lisboa rumbo a Inglaterra, 130 buques, con 8.253 marinos, 2.088 remeros y más 19.295 hombres de guerra.
Las posibilidades británicas eran escasas, pero no la decisión de la Reina Elizabeth I. Lejos de cualquier idea de acuerdo o capitulación ordenó la defensa y convocó a una campaña de oración.

Y lo impensable ocurrió.

Las fuerzas de Felipe II fueron sorprendidas en medio del más terrible de los temporales. Cuentan algunos historiadores que el clima era tan adverso y la confusión de tal magnitud, que las fuerzas españolas fueron dispersadas, al tiempo que algunas de sus naves impactaban entre sí.
Mientras tanto, en la costa inglesa, el clima se mostraba más tranquilo y con vientos mar adentro que favorecían el alcance de los cañones y la maniobrabilidad de sus barcos de menor porte.

La Armada Invencible fue destrozada, de tal manera, que los ingleses tardaron bastante tiempo en darse cuenta de la magnitud de los daños que habían sufrido los frustrados invasores.

Como resultado de esta batalla, cambió el balance de fuerzas hasta hoy en día. Entre otras consecuencias, los ingleses pasaron a dominar los mares, y el destino de desaparición de la Reforma en Europa fue abortado.

Luego de la catástrofe, Felipe II dijo: “Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra las tempestades.”

Por su parte, la Reina Elizabeth I hizo grabar una inscripción que decía: «Dios sopló y fueron dispersados».
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Fuente: El ojo Protestante.
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