22 de enero de 2009

MEXICO: EVANGELICOS CONVOCAN MARCHA POR LA PAZ.

La Alianza Ministerial Evangélica Cristiana de Coatzacoalcos, convocó a la ciudadanía a participar en la marcha por la “Paz y Libertad de esta ciudad”, que se efectuará el próximo 24 de enero a las 16:00 horas, y partirán en la avenida Zaragoza, a la altura de Pedro Moreno y terminarán en el parque Independencia.
La directiva de la Alianza, integrada por el Salvador Amador como presidente, pastor José Dorantes como Tesorero; el pastor Mario Tagle como vicepresidente; Saúl Catana como secretario, anunciaron que la marcha no es para protestar, sino para expresar ante Dios y pedir paz a la ciudad y al país.

Se pedirá la libertad de todos los flagelos como la prostitución, delincuencia, asesinatos y delincuencia.
Al terminar la marcha se realizará un acto cívico en el que el alcalde, Marcelo Montiel Montiel, refrendará la entrega de las llaves de la ciudad a Jesucristo, acto que se efectuará en el parque Independencia.

En torno a lo sucedido con el abuso cometido presuntamente por el Padre Chucho, opinaron que se tiene que tener cuidado como ministros del culto público del comportamiento que presentan.

“Es muy fácil decir: no me vean a mí, es muy fácil decir yo también cometo errores” desde el momento en que se tienen la responsabilidad se tienen la obligación de tener una conductora intachable, desde el momento que se tiene de manifiesto la conducta deshonesta no es digno de ejercer un culto”

La crisis religiosa ha sido todo el tiempo, se habla de una transformación que viene a través de Jesucristo y también lamentaron lo que acontece con los migrantes, pues son abusados por personas “sin sentimientos”.

Anunciaron finalmente que el cuatro de Febrero visitará un evangelista de talla internacional y se comunica que la entrada gratis, se trata de Morris Cerullo que ofrecerá la conferencia: “Fuego fresco sobre la ciudad de Coatzacoalcos”

Fuente: Noticias Cristianas.
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19 de enero de 2009

Dios Puede Salvar (Mighty To Save) - Hillsong

Dios Puede Salvar (Mighty To Save) - Hillsong.
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Fe y razón.

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Me pregunto si no será temeridad el intento de abordar el tema en un artículo que forzosamente ha de ser más bien breve. Toda simplificación de los conceptos inevitablemente produce lagunas, incluso desfiguraciones. Pese a ello, algunas consideraciones elementales sobre ambos conceptos me parecen una necesidad. Sigue habiendo multitud de personas que se sienten turbadas ante la relación fe-razón. Ven esa relación como antagónico enfrentamiento, como una disyuntiva inevitable: «O la fe o la razón». La consecuencia es que una de las dos sucumbe ante la fuerza de la otra, con lo cual se produce un empobrecimiento, y quizá una turbación mayor. No se les ocurre a tales personas que la conjunción no necesariamente ha de ser disyuntiva. Puede ser copulativa, como en el título; no fe o razón, sino fe y razón. No contraposición excluyente, sino complementariedad armonizadora.

La primera dificultad con que tropezamos es que los conceptos (razón y fe) son imprecisos y polivalentes. Ello nos obliga a concretar el significado de ambos y a observar sus efectos, especialmente en la experiencia religiosa.

La razón
La Real Academia de la Lengua define la razón como la «facultad de discurrir», y «discurrir» (en su 4ª acepción) como «reflexionar, pensar, hablar cerca de una cosa, aplicar la inteligencia». Puede concretarse más diciendo que es la capacidad del intelecto humano para desarrollar una actividad mental organizada mediante la asociación de ideas, la inducción y la deducción de inferencias. Es precisamente esta facultad lo que distingue al ser humano del resto de animales. En la perspectiva cristiana es vista la razón como uno de los dones más preciados otorgados al hombre por el Creador. No puede, pues, ser menospreciada, y menos aún anatematizada. Sin embargo, cuando es elevada a la categoría de árbitro incuestionable en el campo del pensamiento se cae en el racionalismo, doctrina según la cual el único órgano adecuado o completo de conocimiento es la razón. En la esfera del pensamiento sólo importa lo que puede ser demostrado, con lo que se descarta toda religión subjetiva.

En el curso de los últimos siglos el racionalismo ha ido evolucionando hacia formas que han trascendido el mundo de las ideas y de la lógica (empirismo, positivismo, existencialismo, cientificismo, etc.), pero subsiste el apego a lo demostrable. De ahí el arraigo del escepticismo, el agnosticismo o incluso el ateísmo en la sociedad de nuestros días. En el proceso se ha puesto de manifiesto que el racionalismo en cualquiera de sus formas yerra en su metodología cuando intenta aplicarlo al fenómeno religioso, pues los elementos esenciales de éste trascienden los límites de la razón. Ningún argumento racional puede probar la Trinidad de Dios, ni la encarnación de su Hijo eterno, ni el misterio de su muerte, ni lo cierto de la vida eterna. Pero de igual modo ningún silogismo puede probar lo contrario. Pretender que la razón tenga la última palabra en cuestiones que escapan a su dominio sería como querer sacar el agua de un estanque con una excavadora. Esta máquina es maravillosa para extraer tierra y rocas, pero no para sustituir a una bomba hidráulica. En la búsqueda de la verdad debe tenerse en cuenta que, según el tipo de verdad, debe escogerse el método para alcanzarla. No desvariaba Pascal cuando se refería a «razones que la razón no comprende».

Por otro lado, no se debe descartar la posibilidad de que, como señala la Biblia, la capacidad racional del hombre haya sufrido un serio deterioro a causa de la caída humana y el alejamiento de Dios. En palabras del apóstol Pablo, «(los hombres) se hicieron vanos en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido» (Ro. 1:21). Por lo general, el ateísmo o cualquier otra forma de rechazo de la fe cristiana no se debe tanto a razonamientos equilibrados como a modas de pensamiento o a motivos morales. La mayoría de personas no rechazan el Evangelio porque sea irrazonable, sino porque les disgustan las implicaciones de su mensaje. Aceptarlo pondría fin al «vive como quieras» que ha presidido su conducta.

Resumiendo lo concerniente a la razón: es una facultad preciosa que toda persona debe usar. No es sensato minusvalorarla alegando una superior espiritualidad. John Stott acuñó una frase luminosa: «Creer es también pensar». Pero, por otro lado, la razón, magnífica sierva, no puede convertirse en señora que domine absolutistamente todas las áreas del pensamiento. En el plano religioso no puede prescindir desdeñosamente de la fe, que también tiene mucho de razonable. Posiblemente sobre la razonabilidad de la fe cristiana escribiré en algún artículo próximo si Dios lo permite. Ahora me limitaré a completar el presente «tema» con el elemento que nos queda por considerar:

La fe
Se dice que nadie puede vivir sin fe de algún tipo. Cierto. Si subo a un avión para deplazarme a un determinado lugar es porque CREO que la perfección técnica del aparato y la pericia del piloto hacen que el vuelo, con muchas probabilidades, se realizará normalmente. Si estoy enfermo y me pongo en manos de un médico es porque CREO que sus conocimientos pueden contribuir a mi curación. Pero el verbo «creer» -al menos en el léxico cristiano- tiene un sentido más profundo. Es expresión no sólo de una creencia, sino de una experiencia religiosa. Es fe en Dios, en Cristo, en su Palabra. Determina mis ideas, pero también mis sentimientos, mis actitudes, mi comportamiento en una acción integradora de todos los elementos de mi personalidad.

Esencialmente la fe cristiana es conocimiento, asentimiento, confianza y entrega: conocimiento de la verdad revelada y transmitida por la Palabra escrita; adhesión mental a su contenido; confianza en que la Palabra de Dios es la verdad y, sobre todo, confianza en Dios mismo y en su fidelidad para cumplir sus promesas. La manifestación final de la fe es la entrega del creyente a Cristo, su Salvador y Señor, para servirle con gratitud. Todo ello no es resultado de razonamientos por parte del creyente. Proviene de la Palabra de Dios (Ro. 10:17) oída, creída y aceptada. En ese proceso la actuación del Espíritu Santo es decisiva. Sin embargo, esa acción no excluye la reflexión de la mente a medida que la Palabra la ilumina. De lo contrario sólo tendríamos la «fe del carbonero»; llegaríamos a creer sin saber concretamente qué ni por qué. No obstante, conviene estar prevenidos contra al peligro de caer en el dogmatismo. La fe debiera estar siempre abierta a una comprensión más amplia y profunda de la verdad.

¿Puede considerarse esta fe compatible con la razón? Indudablemente, siempre que se recuerde el carácter de la una y de la otra, así como las limitaciones de la última. La fe generada por la Palabra de Dios trasciende lo natural, lo visible y lo temporal para introducirnos en lo sobrenatural, lo invisible y lo eterno. Según la carta a los Hebreos, «la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (He. 11:1), y como ejemplo, la misma epístola menciona a Moisés, quien «por la fe se mantuvo firme como viendo al invisible» (He. 11:27). Pero dentro de este orden sobrenatural la fe no anula la razón; simplemente la supera; instruida por la Palabra, llega adonde la razón no puede llegar. Por tal motivo, la razón debe respetar el plus de conocimiento otorgado a la fe, del mismo modo que la fe ha de honrar a la razón y beneficiarse de los apoyos que en algunos momentos puede prestarle. La apologética cristiana, mayoritariamente, así lo ha entendido, como se ve en la historia de la Iglesia. Aunque autores como Tertuliano, preconizaron un divorcio total entre la fe y la filosofía, muchos otros han aplaudido la fides quaerens intellectum, la fe que busca entender, aun reconociendo que la fe es una fuente inestimable de conocimiento. Anselmo de Canterbury confesaba: Credo ut intelligam, creo para comprender. Y a esta máxima añadía: «Deseo, Señor, comprender tu verdad que mi corazón cree y ama. Porque no busco entender para poder creer, sin que creo para poder entender». Sin duda, se hacía eco de la fórmula de Agustín: Intellige ut credas, crede ut intelligas, entiende para creer y cree para entender.

Y si alguien persiste en un racionalismo excluyente, resistiéndose a creer lo que no ve o entiende, hará bien en reflexionar sobre las palabras de Jesús al incrédulo Tomás. «Porque me has visto, Tomás, has creído. Dichosos los que no han visto y, sin embargo, creen» (Jn. 20:29).

Por José M. Martínez – Pensamiento Cristiano.
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14 de enero de 2009

Los hijos no necesitan ni “Hiperpadres” ni "colegas" como modelo.

No están ausentes, pero en ocasiones desertan. Muchos padres y madres, además de guardar en la cartera las fotos de sus hijos, tienen la sensación de llevarlos a cuestas. Suelen ser padres condescendientes, colegas en lenguaje coloquial, o hiperpadres. Son amigos, animadores sociales y, si son perfeccionistas y tienen tiempo, profesores domésticos, pero no siempre ponen límites a los afanes consumistas de sus hijos.

A no ser que su bolsillo flaquee, prefieren comprar un juguete o la chuchería de turno que repetir cada tres minutos en un tono sereno que no pueden tener todo lo que ven.

"Se le da un papel de adulto” al niño en decisiones guardadas para los padres, como la cesta de la compra. “No hay un modelo de autoridad saludable", añade Ana Sáenz, psicóloga vinculada al centro Marie Langer. Sáenz vive en Bilbao, está integrada en la red de psicología Procesos Correctores Comunitarios y colabora con colegios e instituciones. "Para crecer los niños necesitan sentirse seguros y autónomos, pero muchos padres desconocen las necesidades vitales de cada periodo. Se les exige mucho en ciertos aspectos y se les sobreprotege en otros", asegura.

SIN PRESENCIA
A la mayoría de padres no les falta criterio, pero no saben decir “no” sin enfadarse. Otros pasan en pocas horas de ser padres modélicos a sentirse víctimas. "Prefiero no enterarme de algunas cosas para no estar todo el día de gresca", afirma el padre de una adolescente. "Paso del grito a la autocompasión y hasta empiezo a hablar sola por el pasillo", admite la madre de un chico preadolescente y otro al final de la ESO.

En algunas familias el padre o la madre son figuras desvaídas, fotocopias que podrían imantarse en la nevera junto a los recados urgentes. "Juan, mañana tienes examen de Cono... Estudia, no me seas vago". Su papel es insustituible, pero a veces les resulta ingrato, grande, aplastante tener que asumir ciertas responsabilidades, cuando chocan con el deseo de los hijos. Les cuesta ejercer y mantener cierta insobornable autoridad. Pero si ellos dejan de ser padres, sus hijos se quedan huérfanos y sin referentes, advierte Emilio Calatayud, magistrado del Juzgado número 1 de Granada.

EL OTRO EXTREMO: HIPERPADRES
En el otro extremo, o mezclado con ese modelo amable, se encuentran los hiperpadres, arquitectos mentales de completos currículos de futuro para sus vástagos. Pintura, música, baloncesto. ¿Qué más?

Algunos parecen estar examinándose cuando juegan con sus hijos. ¿Lo están haciendo bien? Todo les parece poco. ¿Todo por sus hijos, pero sin sus hijos? "¿Qué clase de niños quieren?", pregunta Sáenz. "El modelo que se les propone es el de la sociedad de consumo, aquello que funciona. Por ejemplo, se niega la pubertad, etapa en la que salen afuera y se despiden de su infancia. Se busca que pase cuanto antes y se adelanta la adolescencia por influencia de la televisión. Se les roba así parte de su niñez y se les empuja a adoptar un prematuro rol juvenil". En definitiva, dan bandazos e incluso adoptan ellos el papel de niños, haciendo como que lloran o imitando sus rabietas, apunta Sáenz. "¿Qué autoridad muestra un adulto que actúa así? Algunos niños pueden pensar: ´¿Y éste es el que me cuida?".

Nunca hubo padres tan informados, pero algunos siguen cursillos y hasta exploran en Internet foros educativos. En especial cuando sus hijos llegan a la ESO. "Mereció la pena mientras fue pequeño. La fiesta acabó con la adolescencia", afirma una madre. La clave la da Alicia Fernández-Zúñiga, psicóloga y directora del Instituto de Lenguaje y Desarrollo (ILD), en Madrid: "Lo que no hagas cumplir antes de la adolescencia será imposible exigirlo después".

NIÑOS QUE NO RECIBEN UN “NO” POR RESPUESTA
"Yo soy padre de mis hijos, no su colega", dice el juez Calatayud. "Por temor a ser autoritarios nos da miedo decir no", continúa. Emilio Calatayud reconoce que es más fácil ser juez que padre. "Hay que poner límites a los hijos desde el primer minuto de vida. Luego cuesta más", avisa. A veces los padres se descuidan y el chaval díscolo acaba en el juzgado. "Hay un empeño en judicializar todo, pero por suerte el 80% de los jóvenes que cometen delitos no son delincuentes", explica. Se refiere a chicos que han cogido una moto ajena, han cometido un pequeño robo o han participado en una pelea.

Suele imponerles castigos en beneficio de la comunidad, sea el cuidado de discapacitados o la limpieza de espacios públicos. Quiere que sean conscientes de sus actos y que entiendan que hay que ser solidarios y no depredadores. Se convierten así en voluntarios forzosos durante un tiempo. En algunos casos, la sanción incluye sacarse el graduado escolar o terminar la enseñanza obligatoria. La mayoría no reincide. Un 20% entra en una espiral peligrosa.

"Claro que hay que poner límites claros y sencillos. Muchos niños no calculan bien las consecuencias de sus actos, no tienen perspectivas. No podemos renunciar a señalar límites en situaciones cotidianas", opina Carlos Espinosa, docente e inspector de Educación en Málaga. "Estoy a favor de las sanciones integradoras y no de los castigos desintegradores", prosigue. "Echarle de clase si molesta sólo sirve para que el chaval pierda el tiempo, pero encargarle que recoja las pelotas del patio, o de todas las pilas del colegio para llevarlas a reciclar, sí es útil", agrega. Espinosa es coautor del libro “Los niños y jóvenes del tercer milenio”, y sostiene que los alumnos son cada vez más espabilados y curiosos, aunque no conecten con el saber formal o no siempre sean buenos estudiantes.

Al igual que el juez Calatayud, Espinosa ha tratado tanto a muchachos de ambientes marginales como a ‘chicos malos de buenas familias’. Entre unos y otros hay abismos, advierte, aunque coincidan en los juzgados. Los primeros crecen entre carencias y son rebeldes, "pero van por otros derroteros", dice. Los hijos de clase media que maltratan a niños y ancianos sin que sus músculos se alteren son maestros de la simulación y suelen ser más peligrosos. "Con muchos de ellos las técnicas educativas fracasan, son maltratadores, y hay que combinar distintas terapias", sostiene.

NORMAS QUE MARCAN LA TRAYECTORIA
"Hay una tendencia a dejar hacer", reconoce Alicia Fernández-Zúñiga. Pero “es preciso establecer unas pautas y cumplirlas. Está demostrado que los niños que siguen unas normas crecen más seguros que los que carecen de ellas. Los que no las incorporan se vuelven más tiranos, no más seguros", señala. Fernández-Zúñiga observa que el cachete es ya algo infrecuente.

Emilio Calatayud registra desde hace unos cuatro años un incremento de violencia familiar protagonizada por menores, así como grabaciones de peleas entre compañeros en el móvil, como si fuera un hito. Percibe también una mayor participación de niñas en episodios violentos dentro del ámbito familiar. Y al mismo tiempo, situaciones de violencia de género en primeras parejas. "En alguna ocasión ha habido que dictar órdenes de alejamiento de sus ex novias a chicos de 14 o 15 años", reconoce.

El juez piensa que en la todavía joven democracia española "se insiste más en derechos que en deberes, lo que favorece todo tipo de contradicciones, hasta caer en el absurdo". No entiende cómo se le ha condenado a la madre de Jaén que pegó a su hijo de 10 años a un año de alejamiento. "Supongo que la condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver a redactarlo. Está muy bien corregir sin atentar contra la integridad física, pero también hay que ejercer de padre o madre", sostiene.

LA IMPORTANCIA DE ENCONTRAR MODELOS
Por su parte, Carmen Loureiro, psicóloga de Nexo y colaboradora del Centro Abierto Tomillo, en Madrid, recuerda que "el estrés, la inmadurez emocional de los padres y la confusión entre las necesidades de los niños y las que nosotros les atribuimos, confluyen en reprimendas inútiles que lastran la verdadera comunicación. Algunos fantasean sobre cómo deben ser sus hijos y se frustran si no cumplen sus expectativas. Olvidan que un niño necesita sentirse aceptado y saber que el amor de sus padres es incondicional", agrega.

"La falta de conciliación está en la raíz de los problemas", opina una experta en educación de la Fundación Tomillo que trabaja ahora con hijos de inmigrantes. "Con 12 años, hay niños que pasan la tarde solos, o con una cuidadora. Los niños aprenden a través de modelos y si no lo encuentran en sus padres traspasan al grupo de iguales sus expectativas. Las habilidades comunicativas de los padres son decisivas: su actitud cuenta tanto como sus palabras. Sin embargo, muchos llegan cansados después de relacionarse con sus compañeros y sus habilidades aparecen menguadas".

Los niños son esponjas y captan cada gesto, recuerda Loureiro. "No están peor educados que antes, lo que sucede es que hay que dirigir sus emociones desde la motivación", concluye.

ALGUNOS CONCEPTOS PRÁCTICOS PARA LOS PADRES
- Hijos y padres tienen igual dignidad, afirma Jesper Juul (“Los valores para la familia de hoy”), pero no son iguales. Los niños necesitan el liderazgo de sus padres. Un faro que emita señales claras y reguladoras.

- Con niños poco dispuestos, más que iniciar una batalla campal por los deberes, hay que fragmentar tareas: "Ahora estudiamos, luego hacemos algo que te guste, y volvemos a estudiar", sugiere Alicia Fernández-Zúñiga.

- "Se lo he dicho ya..." Hay que repetir con firmeza (y sin ira), lo que esperamos de los niños.

- Nuestros abuelos decían siempre "no" (por seguridad) y los padres de hoy "sí" (por seguridad), señala Juul. Hay que decir "sí" o "no" por convicción.

- Las familias españolas apenas reconocen conflictos. Un 23,7% forma un núcleo unido; un 42,9%, coexiste de modo pacífico, y un 15% es problemática (Estudio Gerardo Meil/La Caixa).

Fuente: El País. Redacción: ACPress.net
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13 de enero de 2009

¿Quién eres tú?

Cómo reaccionamos ante la oportunidad de ser reconocidos, tomados en cuenta y respetados?, ¿cuáles son nuestras actitudes o acciones cuando dicho reconocimiento o «popularidad» nos alcanza aunque no lo hayamos buscado? ¿Cómo debemos manejarnos en estos nuevos ambientes? ...

En la historia bíblica se destacan tres preguntas hechas por Dios que, sencillamente, me impresionan; y no es precisamente la pregunta, sino lo que ella revela al que es cuestionado. La primera se hace en el huerto del Edén, Dios cuestiona a Adán después de su caída: «¿dónde estás?», la segunda, es la pregunta que Jesús le hace a los discípulos de Juan el Bautista, cuando por instrucción de este comenzaron a seguirlo, la pregunta en esta oportunidad fue: «¿qué buscan?». Y la tercera la tenemos en la muy conocida historia de Jacob, cuando después de pelear con él, Dios le pregunta «¿cómo te llamas?»

Estas tres preguntas, que Dios mismo hizo a estas tres personas, me mueven a averiguar qué buscaba con ellas; ¿información?, esta posibilidad se descarta, porque estaríamos afirmando que Dios no sabe todas las cosas como siempre hemos creído; o, ¿desafiar luego de redargüir? Creo que detrás de estas preguntas hay un desafío directo del Señor a sus siervos. No son para que Dios obtenga información, sino para hacer a la persona consciente de su realidad en cuanto a dónde está, qué busca y quién es ella, tras la búsqueda de sus propias respuestas.

¿Dónde estás? no es más que ¿cuánto estás creciendo?, ¿cómo está tu vida espiritual hoy?, ¿cuánto has madurando? Es una confrontación directa al lugar donde nos encontramos desarrollando el ministerio ¿arenas movedizas o terreno firme?

¿Qué buscas? Esta pregunta nos desafía a discernir con toda honestidad qué nos mueve verdaderamente a servir a Dios. ¿Buscamos los beneficios —títulos puestos, reconocimientos— que él nos da o lo buscamos a él?, ¿y si no hubieran «beneficios», seguiríamos amándolo?

¿Cómo te llamas? Sin lugar a duda es la pregunta más relevante. Desafía a la persona a indagar en lo más íntimo y a contestar con honestidad. Debe hacerlo como lo hizo Jacob cuando dio su nombre, pues en realidad lo que confesó fue «soy un engañador». Responder a esta pregunta no es tarea sencilla. Es la misma respuesta que debemos dar a la pregunta ¿quién eres?

La pregunta ¿cómo te llamas? provoca el deseo de conocer a la persona en su interior. ¿Quién eres?, ¿quién eres cuando estás a solas? y ¿quién eres cuando estás frente las multitudes?, ¿quién crees que has llegado a ser?

Si es o no completamente honesta la respuesta a cada una de estas tres preguntas, solo lo apreciaremos al considerar quién es la persona que las hace. Cuando es Dios mismo, no hay posibilidad de escapar, de mentir, o de cambiar de algún modo la historia. Como Dios conoce todo lo que está escondido para el ojo humano, no hay nada qué hacer, no hay alternativa, debemos decir la verdad acerca de dónde estamos, qué buscamos y quiénes somos. Delante de la presencia de Dios siempre nuestra realidad sale a la luz. Pero lo verdaderamente curioso es que, cuando son las demás personas las que hacen las mismas preguntas, ya sea por orgullo, por jactancia o por gloria, muchos de los líderes contestan más de lo que debieran. Esto se observa cuando algunos predicadores invitados son presentados antes de su exposición, tal pareciera que el cielo se detiene para dar paso al «súper hombre» de Dios.

Es justamente en este asunto que Juan el Bautista nos da un gran ejemplo de humildad cuando lo interrogaron acerca de su identidad. Es sobre esta pregunta que reflexionaremos en este artículo: ¿Quién soy?

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle:
—¿Quién eres tú? Él confesó y no negó. Confesó: —Yo no soy el Cristo.
Y le preguntaron: —¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: —No soy. —¿Eres tú el Profeta? Y respondió: —No.
Entonces le dijeron: —¿Quién eres? Tenemos que dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
Dijo: —Yo soy «la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías. Juan 1.19–23

Los que interrogaron a Juan eran hombres. Pero no simples hombres, sino sacerdotes y levitas. Con ellos era preciso quedar bien Con los altos jerarcas, con los pastores, con los líderes muchos buscamos alardear de grandeza. Que sepan que tenemos también lo nuestro. Pero a diferencia de lo que yo personalmente hubiera dicho, Juan responde a la primer pregunta con un: «Yo no soy el Cristo.» Y si observamos bien, la pregunta que le hicieron fue otra: ¿Quién eres tú? Nunca le preguntaron que si era el Cristo. Pero Juan previendo lo que ellos suponían respondió directamente y sin rodeos. Permítame parafrasear lo que me parece que Juan dijo: «Ni crean, ni siquiera lo piensen, yo no soy y nunca seré el que es grande en verdad, Jesucristo.» Fue su forma espectacular de no arrogarse una dignidad mesiánica que solo el Mesías posee, «ser la estrella de la historia». La actitud opuesta a la de Juan preocupa en gran manera, solo basta ver cada presentación de «siervos» que actualmente se da en algunas iglesias del Señor, que más bien parecen ellos los dioses y Dios el siervo. Son «siervos» con corazón de señor.

Entonces, cuando nos pregunten ¿quién eres?, podemos seguir el ejemplo de Juan el Bautista, «Jesús es el que importa, no lo que yo sea, o lo que yo haga». ¡Es lo que él hizo lo que importa, no lo que yo hago! No quiero con esto caer en extremos. Por supuesto podemos informar sobre lo que hacemos, pero este no es el problema, sino la actitud con la que anunciamos «todo lo que tenemos» como si en verdad fuera por nuestro propio poder que tenemos ciertos logros.

Con la segunda y tercera pregunta —¿Eres tú Elías? ¿Eres tú el Profeta?— respondió con la misma actitud. Juan engrandece de nuevo el nombre de Dios al responder con sencillez: «No.» Y reafirma con su corta respuesta que el reino de Dios no se trata de quién es él, sino de quién es el que lo envió. Al ver los sacerdotes y levitas que no podían atraparlo en sus palabras le preguntan de nuevo: «¿Quién eres?» «¿Qué dices de ti mismo?» Y Juan dice una de las frases más significativas para la vida de todo cristiano; en el versículo 23 afirma: «Soy la voz de uno que clama».

¡Sencillamente impresionante! Se define como uno. Solamente eso. Soy uno de los tantos que aman a Dios. Soy simplemente uno que quiere ayudar a que la gente busque a Dios. Soy uno entre los millones que sirven al Señor en este mundo. Soy solo eso, uno. Declara que es uno, no el «único». Hay una marcada diferencia entre ser uno a ser el único. Si hubiera dicho que era el único, hubiera hablado con arrogancia, mentira, fraude, engaño.

Ante esta conciencia de Juan no puedo evitar recordar a Elías, que lloraba en una cueva quejándose ante el Señor porque se creía el único que no había doblado sus rodillas a Baal. La respuesta del Señor tuvo una mezcla de confrontación y humor al decirle que él no era el único, sino que además de él había nada más y nada menos que siete mil personas que tampoco habían doblado sus rodillas a Baal. No solamente Elías, sino también nosotros mismos creemos a veces que somos los únicos en el mundo, que nuestra iglesia es la única, y que incluso nuestro ministerio pareciera, a nuestra propia mirada, que es el único capaz de tocar vidas.

Y para hacer un cierre de película, en el versículo 25, cuando cuestionan su ministerio: «¿Por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?», Juan vuelve a hacer de las suyas al dar una respuesta que va más allá de la pregunta. Juan confiesa en el versículo 26: «Yo bautizo en agua, pero el que viene después de mí ... ni siquiera soy digno de desatar la correa de su calzado.» Para Juan el Bautista nunca fue importante su trabajo, Jesús era todo. Su misión era menguar, era «desaparecer». Por eso fue capaz de nunca buscar hacer méritos para ser reconocido, para ser aplaudido o apreciado por lo que hacía. Por el contrario, hizo todo su esfuerzo para que quitaran de él la mirada y la posaran en aquel a quien debían mirar, a Jesús.

Buscando ser honesto, abriendo mi corazón al máximo, si yo en este tiempo estuviera ocupando la posición de Juan el Bautista e igualmente fuera interrogado ¿Quién eres?, quizás las siguientes hubieran sido algunas de mis respuestas:


Para la honra y gloria de mi Señor, soy el único que conoció a Jesús desde que estaba en el vientre de mi madre. Incluso me regocijé cuando supe que él estaba frente a mí en el vientre de su madre. Y fui lleno del Espíritu Santo por mi propio primo Jesús.
Soy el mensajero de Dios. Pero no como muchos otros mensajeros que andan por ahí; yo soy diferente. Incluso soy el único que bautizo en el Jordán, los demás ni «Jordán» tienen. Me parece impresionante, que Dios me haya dado exclusivamente el ministerio del bautismo de agua. Gente de todos lados viene a bautizarse, incluso confiesan sus pecados delante de mí. Claro… todo esto lo cuento para la gloria de Dios.

Soy uno que tiene un ministerio de avanzada, confronto a la gente y miles se convierten a Dios. Dios me eligió así, con este carácter. He logrado hacer convocatorias multitudinarias, tengo un gran liderazgo, y soy un modelo para muchos. Estoy pensando en hacer un programa de radio y bautismo por internet. Lo que no sé es cómo hacer con el agua, pero vamos adelante. Quizás me dé resultado.

He desarrollado el «modelo del bautismo». Cada día asisten más a las aguas. De seguro es el bautismo de multiplicación. Estamos tratando de abrir algunas sucursales bautismales. Además estoy a punto de publicar un libro llamado Un bautismo sin berreras.
Jesús, refiriéndose a mí, dice que soy antorcha que arde y alumbra, y además afirma que no ha habido otro como yo sobre esta tierra. Claro, lo cuento no para que hagan una doctrina de esto, sino para que vean cómo Dios me está usando. ¡Bendito sea su nombre!
Yo tengo un espíritu diferente que muchos no entienden, vine en el espíritu de Elías. Es decir, «se ponen a cuentas con Dios o los quemo a todos...»
Mis últimas conferencias sobre bautismo han logrado que llegue a muchos otros países de habla hispana. Ahora queremos bautizar en el mar Caribe, en algunos ríos grandes de la región y, si podemos, en el Mar Muerto.

Parece risible, pero en realidad así nos escuchamos cuando nos preguntan quiénes somos. Dejamos de glorificar a Dios y nos vestimos con el traje de «siervos» en busca de aplausos. Dando honor a nuestros logros, nuestros títulos, nuestras posiciones. Sin acordarnos de que nada de esto tiene sentido sin Jesús.

Consiervos, líderes y pastores, volvamos a vivir el evangelio en el que el grande solo es Jesús. Volvamos a morir si es que nos bajamos de nuestra cruz, para que nosotros disminuyamos y del único que hable la gente sea de él.

Por Marco A. Vega

Gentileza: Desarrollo Cristiano.
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LA AMISTAD Y EL AMOR


No existe mejor amigo que quien invento la amistad! Ciertamente la mayor cercanía a lo que "EL AMOR" representa lo es "LA AMISTAD" No es fácil tener amigos verdaderos y mucho menos serlo! Desde siempre e creído que la amistad es la expresión mas cercana al amor pues están directamente relacionadas y por eso es tan difícil encontrarlo en estos dias, pero de algo estoy seguro “Podemos experimentarla” Todos a lo largo de nuestras vidas hemos experimentado sentimientos de amistad por alguien, muchas veces en nuestra infancia, a medida que crecemos, pues siempre encontraremos a quienes por gracia de Dios nos llenen de sentimientos de respeto, cariño, comprensión, solidaridad y amor. La amistad verdadera siempre estará ligada a Dios pues no podría existir sin su prototipo. Jesús nos muchos escritos sobre la amistad y por supuesto, nos alentó a buscar de ella

Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Juan 15: 12 – 14
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Quien puede ser mas amigo que Dios?? Quien puede ser mas amigo que Jesús quien nos enseña verdaderamente quienes son los amigos? Es que acaso el amigo es el que te señala por tus errores o el que te exhorta en amor a corregir todo? Es amigo quien te acompaña mientras tienes o el que se preocupa por ti cuando no tienes? Marcos Vidal en su salmo de amistad nos dice que los amigos son como guerreros del tiempo sin temores a los leones en la arena romana. Ahora me es imperioso el Preguntarte.. Eres tu un buen amigo? Pueden compararte a Jesús como un buen amigo? Eres un buen amigo de Dios? Darías la vida por el? Seria cuestion de buscar de nuestras vidas lo mas hermoso para tratar de brindarcelo a quienes queremos! A quienes se lo merecen y a tambien a quienes no! pues ejemplo tenemos de parte de Jesus.. Nadie se merecia el sacrificio que el hizo por nosotros pero por su incomparable amor nos regalo la esperanza de vivir eternamente a su lado. Simplemente es menester el acercamiento a Jesus para una mejor relacion tanto con el como con quienes te rodean! Recuerda que
¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios.. Santiago 4 Dios te bendiga Grandemente y nos permita tener a Verdaderos amigos y por sobre todo ser nosotros ejemplo de ello. Atte: Cantorum
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Gentileza: "Cantarle a Dios es mas Gratificante".
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MARCOS BRUNET EN ANTOFAGASTA.

MARCOS BRUNET EN ANTOFAGASTA, VARON QUE HA VISITADO NUEVAMENTE NUESTRA CIUDAD, NOS BENDICE Y LANZA PALABRAS PROFETICAS EN POS DE NUESTROS HERMANOS. BENDECIMOS SU VIDA Y SU MINISTERIO.
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23 de diciembre de 2008

Mis mejores deseos con la bendicion de nuestro señor.

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La navidad, más que algo material para alegrar a nuestros hijos y niños, es la posibilidad de re-encontrarnos con el concepto Cristiano de antaño. Nuestra mente humana, da para mucho, pero nuestra espiritualidad y mas aun nuestra fé es la clave de los mejores deseos para todos vosotros.

Mi deseo, es que nuestra gente disfrute en familia con sus seres queridos, que hagan un espacio de encuentro con el hombre mas importante de nuestra historia y el mas leído por todas las culturas del planeta. Que tengan esa hermosa posibilidad de encontrar y aceptar esa fé que todos saben que esta ahí, solo hay que tomarla, aceptándolo en nuestras vidas. Más, solo basta un corazón dispuesto.

Sin caer en los fanatismos: ¿Que es lo que desea un Padre para sus hijos? - ante todo lo mejor, buscará las formas para estar ahí - cuidarlo, amarlo, orientarlo, etc - Así es también la persona que sin ser nombrada es.

Tengan Uds., unas fiestas en unión, con mis bendiciones.

Carlos Saavedra Martínez
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18 de diciembre de 2008

La Casa de los Panaderos - Comunidad Cristiana Antofagasta.

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Inicios Auditorio Comunidad Cristiana Antofagasta

La bendicion esta presente para cada uno de vosotros, La Comunidad Cristiana de Antofagasta, nos toma cual padre cuida y cobija a sus hijos, con la bendicion de nuestro Pastor principal Santiago Rojas con su señora esposa.
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Desde Antofagasta, con nuestra bendicion....Comunidad Cristiana Antofagasta.

SEMINARIO DE ADORACION PROFETICA........
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12 de diciembre de 2008

¡Enseñemos a orar!

¿Le gustaría iniciar un ministerio de oración en su iglesia pero no sabe cómo? ¿O tal vez le gustaría dar un aire de renovación al que ya existe? El pastor Daniel Henderson desea compartir con usted prácticos pasos que lo pueden ayudar a vitalizar su grupo o ministerio de oración.

Pasos para experimentar momentos vitales y vivificantes en un grupo de oración.

El pastor que fue mi predecesor en la iglesia donde sirvo estuvo durante cuarenta años. Por eso, traer cambios a esta congregación sería una obra sobrenatural de Dios o un suicidio profesional.

Mi primera predicación resaltaba la importancia de aprender a orar en comunidad. Nuestra prioridad, dije, era convertirnos en una casa de oración. La mayoría de las personas tienden a buscar satisfacerse ellas mismas, así que promover el deseo de buscar a Dios era esencial para revitalizar esta iglesia y así disfrutar de un nuevo nivel de impacto. Y ese deseo tenía que surgir en la vida de estas personas para que la iglesia, como un todo, se transformara.

Reúna a los líderes de oración

Un día, anuncié que buscábamos personas que quisieran seriamente orar por la iglesia. No los conocía lo suficiente como para elegir líderes para un ministerio, así que busqué personas que ya sintieran pasión por la oración. Un puñado de voluntarios. Junto a los líderes de oración, estas personas integraban el centro que dirigiría una renovación en la oración.

Capacité a estos líderes en cuatro áreas.

Los atributos personales de un líder de oración. Edificar los corazones de los líderes de oración es el paso más importante. Les recordé: «El ministerio de oración nunca llegará más allá de la pasión personal de aquellos que lo dirigen.»

El primer atributo que buscamos es motivación. Los líderes deben tener en claro en su mente y corazón la razón por la cual oramos. No es una estrategia para hacer crecer la iglesia; no es torcer el brazo de Dios para alcanzar una renovación. La oración no se trata de la iglesia. El enfoque debe ser buscar a Dios y conocerlo, no buscar lo que puede hacer por nosotros.

El segundo atributo es convicción. Llevamos a cabo 130 programas en nuestra iglesia. Algunas personas piensan que la oración es el programa #131. Nuestros líderes no deben pensar eso. La oración no es otro programa en la iglesia, la oración es lo que mueve todo lo que hacemos.

El tercer atributo es longevidad. Inspirar a otros a orar es un llamado permanente.

Una mañana muy temprano tuve que dejar mis cómodos cobertores y mi cama para asistir a una reunión de oración. Después de dirigir muchas reuniones de oración todas las semanas durante años, le imploré a Dios: «Estoy cansado, Señor. ¿Cuánto tiempo más debo hacer esto?»

«¿Cuánto tiempo más te vestirás, te afeitarás, y te cepillarás los dientes?» —sentí que me dijo— «Hasta que mueras, de igual forma orarás». Los líderes de oración deben siempre orar hasta el fin.

La visión para la oración colectiva. Nuestra cultura individual nos roba la visión para la oración colectiva. Se cree que la devoción privada es lo ideal. Pero las Escrituras nos enseñan que la iglesia oraba: todos juntos. Y Jesús nos enseñó a orar en un sentido colectivo. El lenguaje de Mateo 6 es esencialmente: «Vosotros, pues, orad de esta manera: “Padre nuestro” y “danos hoy el pan nuestro de cada día”». Su ideal era que oráramos en comunidad. Las personas que han reflexionado sobre esta enseñanza me han preguntado: «¿Qué es más importante, la oración privada o la colectiva?»

Respondo: «¿Cuál pierna utilizas más para caminar, tu derecha o tu izquierda?»

Las prácticas dinámicas de las verdaderas reuniones de oración. Me crié en una iglesia donde las reuniones de oración eran, bueno, aburridas. Un triste himno, un estudio bíblico que no tenía ninguna relación, y treinta minutos escuchando las aflicciones y necesidades de la comunidad me hacían creer que todo el mundo sufría de dolores físicos y problemas financieros. Las verdaderas reuniones de oración van más allá de oraciones que dicen: «Bendícelo, acompáñala». Recuerde que la oración nos puede elevar hasta la presencia de Dios.

Jesús le enseñó a los discípulos a empezar con adoración —«Santificado sea tu nombre». Desarrollamos reuniones que inician con adoración y que en vez de enfocarse en informarle a Dios todos los problemas que él ya conoce, dirigimos a las personas a que estrechen su comunión con Dios. Le enseño a los líderes que «si oran para buscar el rostro de Dios, conocerán su mano. Pero si buscan su mano, perderán de vista su rostro.»

Nuestras reuniones de oración empiezan con pasajes bíblicos, declaraciones del carácter de Dios, y cantos espontáneos de alabanza. Todas las peticiones quedan en espera hasta que hayamos adorado y nos hayamos conectado con el corazón, la mente de Dios y los propósitos de su reino.

Principios para manejar las reuniones de oración. Queremos que los líderes de oración faciliten las reuniones de oración. Parte de su capacitación involucra el manejo de distracciones comunes; como por ejemplo, la falta de concentración y miembros quienes hablan lentamente y por horas, discursos que no tienen ninguna relación. Le enseñamos a los líderes a implementar temas claramente definidos para fomentar la concentración, a usar un canto y una instrucción cortés para centrar a un grupo que se ha desconcentrado.

Algunos de nuestros líderes se preocupan por saber si Dios aprueba la dirección que ellos le dan a las reuniones. Les digo: «Dios no está pensando si ustedes oran por la India y después por Sudamérica. Él simplemente se deleita de que estén dirigiendo a su pueblo hasta su presencia.»

Esa primer clase de capacitación se convirtió en un programa de seis semanas que hemos repetido muchas veces. Durante el programa, cada líder tiene la oportunidad de dirigir el grupo en oración, después discutimos y afirmamos su liderazgo. También los exponemos a extraordinarias formas de expresión —caminatas de oración, compañeros de oración, incluso un «chat» en Internet para orar. La meta es ayudarlos a tener iniciativas de oración en las formas en que Dios los está guiando.

Poco tiempo después de haber empezado nuestra primer clase de capacitación, anuncié una reunión de oración que duraría tres días y que la llevaríamos a cabo a las afueras de la ciudad. Pensé que unas veinte personas aceptarían la invitación. Más de cien participaron de ese retiro de oración. El entusiasmo de nuestros líderes de oración capacitados ya había empezado a movilizar a la iglesia. En los últimos ocho años, hemos tenido 22 retiros, cada uno dirigido por un líder de oración laico y han asistido entre 80 a 250 personas.

Nuestra reunión de oración de los jueves por la noche, la cual atrae a cientos de personas, se ha convertido en el contexto de la iglesia para alcanzar una visión y para iniciar un ministerio. Nuestros líderes capacitados han creado docenas de oportunidades para expresiones de oración, entre ellas reuniones de oración, compañeros de oración para pastores, y nuestro Centro de Oración Mundial, un ministerio de intercesión por la iglesia mundial.

Alguien dijo por ahí que cuando trabajamos, trabajamos; pero cuando oramos, Dios trabaja. Me he dado cuenta de que el mejor trabajo que puedo hacer es orar y capacitar a otros para que dirijan las oraciones con pasión para ver a Dios trabajar. Es una inversión que trae cambio en la vida y una renovación permanente a medida que edificamos una casa de oración —juntos.

Daniel Henderson es pastor en Sacramento, California. Este artículo se publicó por primera vez en Leadership Journal, usado con permiso. Título del original: Teaching a Church to Pray. Copyright © 2001 por el autor o por Christianity Today International. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados. Copyright 2005

Por Daniel Henderson

Gentileza: Desarrollo Cristiano.
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9 de diciembre de 2008

La pobreza: pecado del primer mundo.

Lc. 21:1-4 – “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: en verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”.

El relato de Lucas presenta el evangelio desde el testimonio y el compromiso de coherencia de los últimos: Zacarías Elisabet, la profetisa Ana, Simeón, María y José. Pero, además, el papel de las viudas es especialmente subrayado por Lucas: 4:25-26, la viuda de Sarepta; 7:12, la viuda de Naín; 18:3-5, la insistencia de la viuda ante el juez; 20:47, las viudas cuyos bienes son devorados por los escribas. Y, por contra, coloca en crisis a los ricos, los sabios y los poderosos: 1:53, “A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos”; 6:24, “¡Ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo”; Lc. 16:19ss, el rico y Lázaro.

Un ejemplo es el texto que sugerimos. Los ricos, religiosos y hombres de bien no le llegan ni a la altura del zapato a una viuda pobre, aunque han dado mucho más que ella en el arca del tesoro del Templo. Cualquier mirada ajena a lo que sucedía allí que hubiese contemplado esa escena, sabría distinguir la “pobre ofrenda” de la viuda y reconocer la “enorme generosidad” de aquellos personajes. Pero la mirada que juzga no es la de los hombres, sino la de un Dios que ve y sabe no sólo lo que uno da, sino cómo da, por qué da y con cuanto se queda una vez que ha ofrendado.

El manejo del dinero de los ricos, visto y valorado como un hecho aislado, pasa por ser una buena acción, pero la ofrenda de la viuda desde su condición de pobre, dando todo lo que tenía, relativiza esa conducta. A partir de aquí, ya no vale la cantidad de donativos en sí mismos, sino que estos han de ser valorados desde los bienes y las posibilidades del donante. Una mujer, viuda y pobre ha demolido con su sencilla ofrenda un modo de dar contaminado, hipócrita y egoísta. Lo que cuenta es un corazón limpio, sincero y generoso que, desde la más absoluta gratuidad, se ofrece a Dios no dándole las sobras, sino lo mejor de uno mismo. La seudo-generosidad como “pose religiosa” es invalidada, mientras que la ofrenda sincera es aceptada como una acción de valor incalculable.

Este es, precisamente, el mensaje de evangelio del reino que Jesús ilumina con la historia de la viuda pobre. Para los ricos, a causa de su ofrenda, no cambia nada porque siguen viviendo desde su abundancia sin que sea perturbada su plácida y tranquila existencia. Sin embargo, el comportamiento de una excluida del sistema ha hecho, desde la lectura e interpretación del Señor, que muy poco sea mucho y mucho sea muy poco. Y que, además, ese “muy poco” aparezca legitimado por una actitud de amor y generosidad, y ese “mucho” no sea más que una falsificación de las verdaderas motivaciones del corazón. En el complejo mundo de las disposiciones internas, es necesario mirar las cosas del derecho y del revés.

EL MUNDO ESTÁ AL REVÉS: EL PLOMO APRENDE A FLOTAR Y EL CORCHO A HUNDIRSE.

La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instint, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas pequeñas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de la buena salud del éxito social1. Las posibilidades de que el banquero que vacía un banco pueda disfrutar en paz del fruto de sus “afanes”, son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco acabe en la cárcel o en el cementerio. Comenzamos

¿LA ETI… QUÉ?

Si anhelamos la “pole position” en “el mundo al revés” hay que aceptar el sentido utilitario de la propia existencia porque, si renunciamos a todo valor ético ha de ser a lo grande. Repasemos el catálogo del “jeta anti-ética”.

¿Justicia? No, provecho.

¿Amor? No. Placer

¿Criterio? No. Vasallaje.

¿Convicciones? No. Adaptaciones.

¿Compartir? No. Competir.

¿Repartir? No. Acumular.

¿Discreción? No. Exhibición.

¿Humildad? No. Ostentación.

¿Dignidad? No. Compraventa.

¿Prójimo? Si. Yo.

Comienza a probarte la moda impostora de la temporada. Hazte varios “trajes y vestidos” a medida con el fin de combinarlos según la ocasión, siguiendo los cánones de actualidad y estilo, es decir, farsa y engaño para ir a la última en el mundo al revés2.

LA VERDAD SOBRE LA MENTIRA.

¿A que te gustaría saber cómo pueden convertirse grandes embustes en aparentes verdades? Es preciso conseguir la excelencia en algo que seguramente ya practicas instintivamente con el fin de convertirte en un trolero convincente. Pero, cabría preguntarse: ¿Vivimos en una sociedad embustera? Si, sin duda. No nos engañemos, vivimos en el mundo de la impostura, en la era de la simulación, en el tiempo de la supercheria y la mentira y nos hemos acostumbrado a ello con la misma naturalidad con la que esquivamos las cacas de los perros en las acercas de las calles.

Por eso, hay que aprender de los profesionales del sector. ¿Qué te pillan en una mentira? Tono distante, sereno, de resignada disconformidad y digno victimismo. Nunca, jamás, reconocer el desliz. ¿Qué te pillan en una gran mentira? Careto inalterable e inexpresivo como corresponde a la gente que se autoatribuye la condición de ser “de bien” o, incluso, “de mucho bien”. ¿Que ese cliente clave se pone inaguantable? Mirada sumisa, sonrisa dentífrica, pelillos a la mar, genuflexión y palabras condescendientes. Pero, eso si, nunca nadie debe saber la verdad sobre lo que piensas y sientes.

¿Te imaginas a un obispo liado a guantazos con un ateo porque le ha llamado meapilas? ¿Verdad que no? Pero eso no quiere decir que el jerarca no esté hasta la mitra del hereje aunque aparente santa resignación. Por eso, hacia los demás siempre una muy digna retención, prudencia y un piadoso “perdónales porque no saben lo que hacen”. ¿Nos vamos entendiendo? Necesitamos que todos nuestros embustes y apariencias superen la prueba y adquieran denominación de origen de autenticidad.

Nos pasamos la vida mintiendo, por necesidad o provecho, por bribones y sinvergüenzas, o por miedosos y caguetas. De verdad ¿resulta inimaginable sobrevivir un solo día en esta despiadada jungla del “yo, yo y siempre yo” sin tener que recurrir mucho o poco al escudo de la mentira? ¿Verdad que no? Pues entonces. Para militar en el mundo al revés hay que practicar estos “carismas”.

ROBAR O ROBAR, ESA ES LA CUESTIÓN.

La relación entre el significado de una palabra y su aplicación a un hecho concreto cada día parece más difusa y, si hace falta, se difumina aún más. Hay cosas muy claras, por ejemplo: Robar una gallina a punta de navaja ha sido, es y será un robo. Hasta aquí, todo claro. Quitarle al prójimo la cartera en el metro ha sido, es y será hurto. De nuevo están las cosas claras. Pero si vamos un poco más lejos comienzan las complicaciones: conspirar para alterar el precio de algún bien o servicio con el fin de obtener un lucro personal ¿debería considerarse un robo descarado? ¿ y comprar un terreno hoy en 10 y en un mes venderlo en 1000, porque de por medio se forzaron ciertas recalificaciones? ¿y usar información privilegiada para conocer el día clave en que interesa comprar o vender diferentes productos financieros? ¿A que las cosas comienzan a estar difusas.

Porque, claro, ¿quién puede pensar que una señora que usa ropa interior de Christian Dior pueda ser una timadora? ¿Quién osaría suponer que ese sujeto que viste trajes de Armani está arruinado y no es más que un “ratero” a lo grande? ¡Por favor! Los timadores y los arruinados usan lencería de rebajas en Carrefour y trajes de 2 x 75 euros. La violencia moral que represente el dominio de las apariencias para envolver con atractivo embalaje la verdad más auténtica de los intereses creados, se sitúa en la cima de la pirámide del cinismo3, Pero, además, todas estas cosas tienen con frecuencia un impresentable e incondicional aliado: los hombres de la religión que, con frecuencia, parecen sufrir de amnesia colectiva cuando se trata de poner al descubierto estas cuestiones ¿Cuántas veces hemos escuchado una predicación en la se haya hecho referencia crítica al pecado de la evasión de capitales, el abuso usurero, el tráfico mercantil defraudador, la especulación, la explotación del ser humano (hombre, mujer o niño) o el blanqueo de dinero, delitos que por su naturaleza sólo podrían cometer las clases privilegiadas y rara vez el albañil, el ama de casa, la operaria de la fábrica, el mecánico o la señora de la limpieza? ¿Por qué regla de tres el discurso sobre el pecado ha de machacar siempre a los pobres, los sencillos, los últimos?

Curiosamente, cualquiera de las operaciones mencionadas anteriormente, reportarían a su autor el equivalente al robo de 10.000 gallinas (por decir una cifra) o de 20.000 carteras (por decir otra), pero aquí, ante estos nuevos supuestos es muy probable que surjan voces que nos digan: Alto, que no está tan claro. Algunos de esos ejemplos no se pueden considerar robo o estafa. Depende. No se puede ir por ahí poniendo en duda así como así la reputación de las personas. ¿Depende? Debe realmente depender cuando hacemos un repaso estadístico del número de reclusos en las cárceles españolas por robo de gallinas o carteras y, por otra parte, de los que hay por los hechos referidos anteriormente. Algo se nos escapa cuando la economía criminal organizada internacionalmente representa ya, según todas estimaciones más del 20% del PIB mundial, mientras en las cárceles prácticamente habitan sólo roba gallinas y traficantes de menores. Es el mundo al revés, una vez más.

¿OTRO MUNDO ES POSIBLE?

¿Existe otra forma de vivir? ¿O debemos conformarnos con formar parte del sumiso “rebaño lanar” en un mundo patas arriba? ¿Se puede ser, estar y participar de la propia existencia desde una auténtica libertad en una sociedad en la que todo tiene un precio?

Contestemos a este sencillo cuestionario:

¿Cuántas veces hemos dicho “si” a algo cuando hubiéramos querido decir “no”?

¿Cuántas veces hemos mirado a otra parte cuando la realidad que teníamos delante comprometía demasiado?

¿Cuántas veces nos hemos visto “obligados” a no colocarnos al lado de quien queríamos por hacerlo del que convenía?

¿Cuántas veces hemos ocultado nuestras convicciones por miedo a que no fueran aceptadas?

Pero, claro, es que poner en cuestión el poder significa romper el orden establecido y eso es impopular y tiene un costo muy grande. Perdón, eso se llama LIBERTAD. LI-BER-TAD.4 La libertad de aprender a no arrugarse y siempre decir lo que uno piensa y siente, empezando por poner en cuestión un sistema que deshumaniza, empobrece, denigra y nos convierte en silenciosas y sumisas “ovejas de la manada”.

¿Cuánto vale decir por ahí no paso? ¿Cuánto denunciar la corrupción que nos rodea de continuo mientras multitud de personas son ninguneadas, ignoradas, humilladas, empobrecidas y muchas de ellas mueren cada día de hambre a causa de “accidentes” en la aldea global? ¿Cuánto vale defender las propias convicciones anteponiéndolas a cualquier otro provecho? Eso es libertad, LI-BER-TAD y la podemos encontrar en la persona de Jesús, en su mensaje, en su compromiso de vida y en las palabras de su evangelio:

Jn. 8:31, 36; Gál. 5:1 – “… Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres… Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”.

Por Eduardo Delás – España

Gentileza: Lupa Protestante.
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4 de diciembre de 2008

La fuerza de la debilidad (I)

«Cuando soy débil, entonces soy fuerte»

«Mi gracia te es suficiente; porque mi poder se perfecciona en la debilidad»

El apóstol Pablo se vio afectado por un «aguijón», esto es, una forma de sufrimiento prolongado, intenso y que limitaba su ministerio. No sabemos con exactitud qué era esta espina, aunque todo apunta a una enfermedad crónica, posiblemente relacionada con la vista. En este escrito no vamos a centrarnos en el qué del aguijón, sino en cómo lo afrontó el apóstol, en especial cómo consiguió encontrar fuerzas en medio de su situación de sufrimiento.

La primera reacción de Pablo fue lógica y natural: le pide al Señor que le quite el aguijón. Ante una situación de sufrimiento es legítimo pedir que Dios lo elimine si es su voluntad. Hasta el Señor Jesús mismo pidió al Padre que «si es posible, pase esta copa de mi, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Pablo oró «tres veces», expresión que no hay que tomar de forma literal sino que más bien significa «numerosas veces» tal como apuntan muchos comentaristas. Sin embargo, la respuesta a esta oración ferviente y prolongada no es la liberación, sino la provisión de lo necesario para vivir con gozo su situación de sufrimiento crónico. ¡Dios no le quita, le da! Esta idea es esencial para comprender cómo ve Dios nuestros aguijones. Para nosotros la «solución» consiste en eliminar el problema. La visión de Dios, sin embargo, es muy distinta: para él lo más importante no es la ausencia de sufrimiento, sino su presencia en medio de este sufrimiento y los recursos que tal presencia conlleva. ¿Cuáles son estos recursos?

La respuesta viene en dos frases, cada una de las cuales alude a sendos recursos para aceptar el aguijón: la gracia y el poder. De hecho, ambas están íntimamente relacionadas porque el poder -o fortaleza- es una consecuencia de la gracia. Observemos, ante todo, el énfasis del texto en el origen divino de ambos recursos. Lo que en español aparece como un simple adjetivo posesivo «mi», en el original es un genitivo cuya traducción literal sería: «el poder de mí» y la «gracia de mí», estructura gramatical que busca resaltar su procedencia. Este énfasis confirma nuestro argumento: hay unos recursos que trascienden la capacidad del ser humano, van más allá de cualquier técnica psicológica o de medidas sociales. Son los recursos que vienen de Dios y que sólo se consiguen a través de una experiencia espiritual.

Gracia: «Mi gracia te es suficiente»
Estamos ante una de las frases más luminosas de toda la Biblia. Esta afirmación, tan breve como poderosa, ha sido fuente de consuelo a miles de creyentes afligidos por debilidades y pruebas. Ahí tenemos el meollo de la lucha contra el aguijón. Ésta era la lección fundamental que Pablo necesitaba aprender. La palabra «gracia» se alza majestuosa en medio del pasaje cual clímax insuperable. Estamos aquí tocando la cúspide de la montaña. El sufrimiento crónico es un largo camino, tortuoso a veces, difícil. Pero ahora tenemos ante nuestros ojos el final del trayecto: «mi gracia», esta gracia que no es un frío concepto teológico, sino el poder de Dios operando de formas muy concretas en la persona y en sus circunstancias. La gracia nos lleva ante la majestad misma de Dios porque, como escribió Tomás de Aquino en la Summa Theologica, «la gracia es, ni más ni menos, que un cierto principio de gloria en nosotros».

Cabe preguntarse por qué Dios le responde a Pablo de forma tan escueta. ¿Qué pueden hacer cinco palabras ante tantos años de lucha interior, de sufrimiento inexplicable? Parece legítimo deducir que Dios, con su rotunda brevedad, quiere enfatizar que hay un solo camino para la victoria final ante el aguijón. Podemos parafrasear la frase de Jesús a Marta y aplicarla a la gracia: «afanado y turbado estás por el aguijón, pero una sola cosa es necesaria. Te basta mi gracia».

¿Qué significa, entonces, esta expresión «mi gracia te es suficiente»? Y, sobre todo, ¿cómo influye en la aceptación del aguijón? Tal como señalan algunos comentaristas, la palabra gracia aquí alude a «la ayuda del Espíritu Santo que viene como parte del favor inmerecido de Dios». Así pues, no estamos sólo ante el precioso don de Dios que un día nos salvó -la gracia salvífica- , sino ante el inmenso caudal de ayuda práctica que Dios nos proporciona cada día. La gracia es el conjunto de recursos sobrenaturales que vienen de Dios gratuitamente y que nos permiten luchar contra el aguijón con un poder divino. Ahí radica la diferencia esencial entre la persona creyente y la no creyente al afrontar el sufrimiento: en sus recursos. La situación de aguijón puede ser la misma, pero el creyente tiene unos medios de los que carece la persona sin una fe personal en Dios. Más adelante consideraremos estos valiosos instrumentos que la gracia contiene.

¿En qué sentido la gracia es suficiente? Pablo recibe justo lo necesario para que la aceptación sea «de buena gana» (2 Co. 12:9) y «con gozo» (2 Co. 12:10). No se trata de soportar el aguijón o de sobrevivir en medio de la prueba. Esta actitud no es suficiente. Mal asunto cuando aceptamos las espinas a regañadientes, sólo porque no hay más remedio. Dios no quiere esta aceptación forzada más cercana a la resignación estoica. El nivel de suficiencia que Dios pide es mucho más alto: Él no quiere hijos «gruñones», sino «más que vencedores» en expresión memorable de Pablo (Ro. 8:37).

Poder: «Porque mi poder se perfecciona en la debilidad»
La segunda frase viene introducida con un «porque». Se trata de una explicación que amplia la afirmación anterior. Probablemente Pablo -hombre que ya antes había sido transformado por la gracia divina en otras facetas de su vida- no necesitaba esta aclaración, ¡pero nosotros sí! El Señor no se limita a decirle que se conforme con su gracia, como si fuera una orden. La frase no está en imperativo: «te ordeno que...». Dios no es un déspota autoritario. Cual padre que busca no sólo consolar, sino también convencer, le ofrece un argumento poderoso. La persona en lucha con su aguijón necesita explicaciones que son imprescindibles para una aceptación genuina. Por ello la exhortación va acompañada de una explicación convincente: «mi poder se perfecciona en la debilidad». Aquí radica el secreto que nos ayuda a entender por qué la gracia de Dios nos basta. No es sorprendente que este pasaje se haya convertido en escudero inseparable y fuente de inspiración permanente para todos los que sufrimos a causa de un aguijón.
La gran paradoja: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte»
Por pura lógica, una debilidad es un obstáculo para cualquiera, una limitación. Así concebía Pablo su aguijón al principio. La lección que el apóstol debe aprender ahora es que Dios piensa exactamente al revés. No se trata sólo de que la espina no estorba al Todopoderoso, sino que precisamente es ahí -en la debilidad- donde el Señor puede manifestar su poder. Y aún es más, este poder divino se perfecciona, se hace «completo», en esta debilidad. Por ello Pablo afirma: «...por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades para que repose sobre mí el poder de Cristo» (2 Co. 12:9).

Nos ayuda a entender esta paradoja una ilustración que Jesús mismo utilizó. Él dijo de sí mismo «yo soy la luz del mundo... la luz en las tinieblas resplandece» (Jn. 8:12; Jn. 1:5). La luz de Cristo puede brillar con mucha más intensidad en mis momentos de oscuridad, en la penumbra del dolor. Es en «la noche oscura del alma», expresión usada por Juan de la Cruz y otros místicos españoles, que empezamos a comprender esta gran paradoja: en el túnel sombrío de mi aguijón -cuando soy débil- la luz de Cristo alcanza su máximo fulgor porque nada la enmascara. Entonces soy fuerte porque cuanto mayor es la oscuridad, tanto más brilla su luz.

En realidad, esta idea apunta a un tema trascendental que va mucho más allá del problema del aguijón. Contiene un principio vital en la relación del ser humano con su Creador. Un gran obstáculo para acercarse a Dios es sentirse fuerte, autosuficiente. Las fantasías de omnipotencia -el deseo de ser como Dios- han sido una constante en la historia de la humanidad desde que Adán y Eva fueron tentados y cayeron en este pecado de la autosuficiencia. La soberbia, una de las causas principales de nuestra rebeldía contra Dios, es un gran estorbo para la fe. ¿Por qué? Porque suele acentuarse cuando todo nos va bien en la vida, haciéndonos sentir «muy importantes». Si uno cree que es un semi-dios, entonces no hay lugar para el Dios verdadero en su corazón. Por el contrario, un sentimiento de debilidad, ya sea físico, moral o existencial suele ser terreno abonado para la fe en Dios y para que su poder se manifieste.

Por supuesto, no siempre es así. Encontramos notables ateos que sufrieron mucho, como Nietzsche, atormentado por el aguijón lacerante de una terrible enfermedad que le llevó a la locura. No obstante, detrás de la frase «yo no necesito a Dios» se esconde muchas veces el pecado de la iglesia de Laodicea: la soberbia. «Tú dices, Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; pero no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo» (Ap. 3:17).

¿Concluimos, entonces, que la fe es sólo para los débiles? O como decía el mismo Nietzsche, ¿«hay que estar suficientemente enfermo para hacerse cristiano»? Una respuesta completa a este tema escapa al propósito de este artículo. Vamos a intentar resumirla brevemente. Si entendemos por «débiles» a personas con poca capacidad intelectual, de inteligencia pobre, entonces la respuesta es claramente no. Hay ejemplos rutilantes en la Palabra de Dios y en la Historia de hombres y mujeres con un intelecto privilegiado, líderes destacados y brillantes en todas las áreas del conocimiento humano que han tenido una profunda fe en Dios. Pero en otro sentido, sí, la fe es para los débiles, para los que se sienten «pobres» -primera bienaventuranza- al contemplar su pequeñez y su miseria delante de la grandeza y la santidad de Dios. Jesús mismo nos lo aclara de forma rotunda cuando dice: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores al arrepentimiento» (Lc. 5:31-32). ¿Quiénes son los débiles a los que va dirigido el Evangelio? Los que comprenden que son pecadores. Este tipo de debilidad moral y existencial es el reverso del orgullo y la autosuficiencia; es la humildad que tuvo que aprender Pablo precisamente a través de la experiencia del aguijón. El propósito de su espina era prevenir la arrogancia, «para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente» (2 Co. 12:7).

En la práctica, ¿cómo actúa la gracia? En los próximos dos temas vamos a considerar los multiformes tesoros de la gracia en relación con la experiencia del aguijón:

Fortaleza renovada: la gracia da fuerzas
Cambio: la gracia transforma
Madurez: la gracia enseña

Por Dr. Pablo Martínez Vila

Este tema es la primera parte de la serie «La fuerza de la debilidad». La segunda y la tercera parte de la serie aparecerán, D.m., en los próximos meses. Esta serie es una adaptación de un capítulo del último libro de Dr. Pablo Martínez Vila, con el título El Aguijón en la Carne. Este libro ya está disponible en la Tienda Online de Pensamiento Cristiano.

Gentileza: Pensamiento Cristiano.
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17 de noviembre de 2008

Historia de las Iglesias Protestantes.

Debido a los errores de la Iglesia Católica, que durante mucho tiempo había estado atesorando bienes materiales y se había empeñado en una lucha por el poder terrenal, las capas sociales más bajas, campesinos, artesanos y comerciantes estaban descontentos con las jerarquías eclesiásticas, que se llevaban el diezmo de sus bienes y de los que prácticamente no recibían nada a cambio.

La vida de lujo y pecado de los cardenales y obispos en Roma era bien conocida por toda la población de Europa e incluso reyes y emperadores sentían rencor al Papado que interfería frecuentemente en el gobierno.

Ya desde el siglo XIII, con San Francisco de Asís, se planteaba la cuestión de si la Iglesia debería acumular riquezas o debería repartirlas entre los pobres.
En el XIV John Wycliffe, en Inglaterra, defendió varias opiniones que atentaban contra la autoridad de la Iglesia, criticando las riquezas del papado y las indulgencias mediante las que los ricos podían comprar el perdón para determinados pecados, incluso por anticipado.
También hizo que la Biblia se tradujera al inglés y encomendó a discípulos suyos, conocidos como Los Predicadores de los Pobres, para que predicaran en inglés, cuando el Vaticano imponía el latín en todas las predicaciones.

Después de muerto, la Iglesia lo consideró hereje e hizo que, 44 años después de su muerte, su cuerpo fuera desenterrado y quemado en la hoguera, pero sus ideas calaron hondo en el ánimo de Jan Hus, un reformista bohemio que inició una campaña contra la Iglesia. Su ejecución por hereje en 1415 provocó una guerra civil en Bohemia que fue sofocada por el emperador y el Papa.

El desarrollo de la imprenta a mediados del siglo XV hizo que las ideas anticlericales tuvieran una mayor difusión y cuando Lutero, en 1517, publicó sus 95 tesis contra las indulgencias papales, pudo difundir sus ideas mucho más que sus predecesores.

Excomulgado por el Papa, condenado por el emperador, perseguido por ejércitos y sacerdotes, Lutero se mantuvo oculto durante más de un año traduciendo la Biblia al alemán y escribiendo panfletos que eran publicados y distribuidos masivamente. El resultado fue una revuelta de los campesinos que pensaron encontrar una liberación de la tiranía eclesiástica. Lutero, sin embargo, no pretendía causar una guerra por lo que publicó un panfleto en el que exortaba a los campesinos a abandonar las armas.
Ante esta actitud de Lutero, muchos nobles se volvieron partidarios suyos.

Tras el fin de la revuelta, Carlos V concedió que cada estado pudiera decidir, dentro de su propio territorio, sobre cuestiones religiosas, pero en 1529 la mayoría católica hizo que se derogase esta norma. Los luteranos elevaron su más enérgica protesta, lo que les hizo ganar el apodo de "protestantes".

Carlos V estaba empeñado en acabar con los luteranos, pero distraída su atención con varias guerras contra Francia y los turcos, no pudo enviar tropas hasta quince años más tarde.
Para entonces ya era tarde: El luteranismo se había convertido en la fé de más de la mitad de la población de Alemania y aunque se perdieron batallas al principio los luteranos consiguieron ganar la libertad religiosa.

De una forma algo más pacífica las ideas protestantes se infiltraron en muchos países europeos, unas veces apoyadas por la burguesía, otras por la nobleza, en ocasiones directamente por la monarquía.

Apenas cincuenta años después de morir Lutero, el Protestantismo había cambiado por completo el mapa de la sociedad.

La idea fundamental del protestantismo es que la Biblia es la Palabra de Dios pero al contrario de lo que siempre afirmaron los católicos, cualquiera puede interpretarla y comprenderla.

Así, libres de la autoridad eclesiástica, los protestantes pueden leer la Biblia y tras meditar en lo que han leído pueden sacar sus propias conclusiones, conclusiones que posteriormente podrán ser discutidas con otras personas.

Esto ha hecho que a lo largo de los años hayan surgido numerosas sectas, cada una con una interpretación distinta de diversos pasajes de la Biblia, pero también ha contribuido a darle un valor al pueblo, libre por fin de la autoridad religiosa, que fue el primer paso para la democracia.

La traducción de la Biblia a los diversos idiomas europeos, favorecida también por el auge de la imprenta, ha contribuido a la difusión de la cultura, haciendo que en los países protestantes el analfabetismo descendiera de forma impresionante.

Creencias y Costumbres
Es difícil determinar todas las creencias protestantes pues al formar decenas de sectas siempre habrá alguna que no comparta ciertas ideas con las demás. No obstante sí puede afirmarse que todas, sin excepción, creen en la Biblia como Palabra de Dios.
Casi todas consideran a Jesús el hijo de Dios y muchas, aunque no todas, creen en la virginidad de María. También el sacrificio de Jesús es considerado por casi todos como un medio de expiar el pecado original.

Sin embargo, a partir de ahí podemos decir que no hay unanimidad en casi ningún otro aspecto aunque hay ideas que se pueden encontrar en varias sectas protestantes.

La mayoría de los protestantes suelen reunirse para el culto en común los domingos, aunque hay algunas sectas que se reunen los sábados o incluso los lunes.

Estas reuniones se llevan a cabo en templos que han sido financiados por los feligreses, aunque algunas sectas prefieren reunirse en la intimidad de sus hogares formando grupos de unas pocas familias.

El eje de las reuniones protestantes es el sermón del ministro de la iglesia, aunque hay sectas donde no hay ministros y son los feligreses los que se turnan para pronunciar varios sermones.

El sermón suele ir acompañado de himnos cantados por todos los feligreses aunque hay sectas que prohiben la música pues la consideran una afrenta al Señor.

Toda esta diversidad ha hecho del protestantismo una filosofía muy versátil y dinámica que puede cumplir las aspiraciones de muchos creyentes, pues después de investigar durante algún tiempo todos los fieles pueden encontrar una secta en la que le resulte más fácil creer.

Fuente: Mas libertad.
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