9 de diciembre de 2008

La pobreza: pecado del primer mundo.

Lc. 21:1-4 – “Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: en verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobraba; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía”.

El relato de Lucas presenta el evangelio desde el testimonio y el compromiso de coherencia de los últimos: Zacarías Elisabet, la profetisa Ana, Simeón, María y José. Pero, además, el papel de las viudas es especialmente subrayado por Lucas: 4:25-26, la viuda de Sarepta; 7:12, la viuda de Naín; 18:3-5, la insistencia de la viuda ante el juez; 20:47, las viudas cuyos bienes son devorados por los escribas. Y, por contra, coloca en crisis a los ricos, los sabios y los poderosos: 1:53, “A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos”; 6:24, “¡Ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo”; Lc. 16:19ss, el rico y Lázaro.

Un ejemplo es el texto que sugerimos. Los ricos, religiosos y hombres de bien no le llegan ni a la altura del zapato a una viuda pobre, aunque han dado mucho más que ella en el arca del tesoro del Templo. Cualquier mirada ajena a lo que sucedía allí que hubiese contemplado esa escena, sabría distinguir la “pobre ofrenda” de la viuda y reconocer la “enorme generosidad” de aquellos personajes. Pero la mirada que juzga no es la de los hombres, sino la de un Dios que ve y sabe no sólo lo que uno da, sino cómo da, por qué da y con cuanto se queda una vez que ha ofrendado.

El manejo del dinero de los ricos, visto y valorado como un hecho aislado, pasa por ser una buena acción, pero la ofrenda de la viuda desde su condición de pobre, dando todo lo que tenía, relativiza esa conducta. A partir de aquí, ya no vale la cantidad de donativos en sí mismos, sino que estos han de ser valorados desde los bienes y las posibilidades del donante. Una mujer, viuda y pobre ha demolido con su sencilla ofrenda un modo de dar contaminado, hipócrita y egoísta. Lo que cuenta es un corazón limpio, sincero y generoso que, desde la más absoluta gratuidad, se ofrece a Dios no dándole las sobras, sino lo mejor de uno mismo. La seudo-generosidad como “pose religiosa” es invalidada, mientras que la ofrenda sincera es aceptada como una acción de valor incalculable.

Este es, precisamente, el mensaje de evangelio del reino que Jesús ilumina con la historia de la viuda pobre. Para los ricos, a causa de su ofrenda, no cambia nada porque siguen viviendo desde su abundancia sin que sea perturbada su plácida y tranquila existencia. Sin embargo, el comportamiento de una excluida del sistema ha hecho, desde la lectura e interpretación del Señor, que muy poco sea mucho y mucho sea muy poco. Y que, además, ese “muy poco” aparezca legitimado por una actitud de amor y generosidad, y ese “mucho” no sea más que una falsificación de las verdaderas motivaciones del corazón. En el complejo mundo de las disposiciones internas, es necesario mirar las cosas del derecho y del revés.

EL MUNDO ESTÁ AL REVÉS: EL PLOMO APRENDE A FLOTAR Y EL CORCHO A HUNDIRSE.

La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instint, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas pequeñas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de la buena salud del éxito social1. Las posibilidades de que el banquero que vacía un banco pueda disfrutar en paz del fruto de sus “afanes”, son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco acabe en la cárcel o en el cementerio. Comenzamos

¿LA ETI… QUÉ?

Si anhelamos la “pole position” en “el mundo al revés” hay que aceptar el sentido utilitario de la propia existencia porque, si renunciamos a todo valor ético ha de ser a lo grande. Repasemos el catálogo del “jeta anti-ética”.

¿Justicia? No, provecho.

¿Amor? No. Placer

¿Criterio? No. Vasallaje.

¿Convicciones? No. Adaptaciones.

¿Compartir? No. Competir.

¿Repartir? No. Acumular.

¿Discreción? No. Exhibición.

¿Humildad? No. Ostentación.

¿Dignidad? No. Compraventa.

¿Prójimo? Si. Yo.

Comienza a probarte la moda impostora de la temporada. Hazte varios “trajes y vestidos” a medida con el fin de combinarlos según la ocasión, siguiendo los cánones de actualidad y estilo, es decir, farsa y engaño para ir a la última en el mundo al revés2.

LA VERDAD SOBRE LA MENTIRA.

¿A que te gustaría saber cómo pueden convertirse grandes embustes en aparentes verdades? Es preciso conseguir la excelencia en algo que seguramente ya practicas instintivamente con el fin de convertirte en un trolero convincente. Pero, cabría preguntarse: ¿Vivimos en una sociedad embustera? Si, sin duda. No nos engañemos, vivimos en el mundo de la impostura, en la era de la simulación, en el tiempo de la supercheria y la mentira y nos hemos acostumbrado a ello con la misma naturalidad con la que esquivamos las cacas de los perros en las acercas de las calles.

Por eso, hay que aprender de los profesionales del sector. ¿Qué te pillan en una mentira? Tono distante, sereno, de resignada disconformidad y digno victimismo. Nunca, jamás, reconocer el desliz. ¿Qué te pillan en una gran mentira? Careto inalterable e inexpresivo como corresponde a la gente que se autoatribuye la condición de ser “de bien” o, incluso, “de mucho bien”. ¿Que ese cliente clave se pone inaguantable? Mirada sumisa, sonrisa dentífrica, pelillos a la mar, genuflexión y palabras condescendientes. Pero, eso si, nunca nadie debe saber la verdad sobre lo que piensas y sientes.

¿Te imaginas a un obispo liado a guantazos con un ateo porque le ha llamado meapilas? ¿Verdad que no? Pero eso no quiere decir que el jerarca no esté hasta la mitra del hereje aunque aparente santa resignación. Por eso, hacia los demás siempre una muy digna retención, prudencia y un piadoso “perdónales porque no saben lo que hacen”. ¿Nos vamos entendiendo? Necesitamos que todos nuestros embustes y apariencias superen la prueba y adquieran denominación de origen de autenticidad.

Nos pasamos la vida mintiendo, por necesidad o provecho, por bribones y sinvergüenzas, o por miedosos y caguetas. De verdad ¿resulta inimaginable sobrevivir un solo día en esta despiadada jungla del “yo, yo y siempre yo” sin tener que recurrir mucho o poco al escudo de la mentira? ¿Verdad que no? Pues entonces. Para militar en el mundo al revés hay que practicar estos “carismas”.

ROBAR O ROBAR, ESA ES LA CUESTIÓN.

La relación entre el significado de una palabra y su aplicación a un hecho concreto cada día parece más difusa y, si hace falta, se difumina aún más. Hay cosas muy claras, por ejemplo: Robar una gallina a punta de navaja ha sido, es y será un robo. Hasta aquí, todo claro. Quitarle al prójimo la cartera en el metro ha sido, es y será hurto. De nuevo están las cosas claras. Pero si vamos un poco más lejos comienzan las complicaciones: conspirar para alterar el precio de algún bien o servicio con el fin de obtener un lucro personal ¿debería considerarse un robo descarado? ¿ y comprar un terreno hoy en 10 y en un mes venderlo en 1000, porque de por medio se forzaron ciertas recalificaciones? ¿y usar información privilegiada para conocer el día clave en que interesa comprar o vender diferentes productos financieros? ¿A que las cosas comienzan a estar difusas.

Porque, claro, ¿quién puede pensar que una señora que usa ropa interior de Christian Dior pueda ser una timadora? ¿Quién osaría suponer que ese sujeto que viste trajes de Armani está arruinado y no es más que un “ratero” a lo grande? ¡Por favor! Los timadores y los arruinados usan lencería de rebajas en Carrefour y trajes de 2 x 75 euros. La violencia moral que represente el dominio de las apariencias para envolver con atractivo embalaje la verdad más auténtica de los intereses creados, se sitúa en la cima de la pirámide del cinismo3, Pero, además, todas estas cosas tienen con frecuencia un impresentable e incondicional aliado: los hombres de la religión que, con frecuencia, parecen sufrir de amnesia colectiva cuando se trata de poner al descubierto estas cuestiones ¿Cuántas veces hemos escuchado una predicación en la se haya hecho referencia crítica al pecado de la evasión de capitales, el abuso usurero, el tráfico mercantil defraudador, la especulación, la explotación del ser humano (hombre, mujer o niño) o el blanqueo de dinero, delitos que por su naturaleza sólo podrían cometer las clases privilegiadas y rara vez el albañil, el ama de casa, la operaria de la fábrica, el mecánico o la señora de la limpieza? ¿Por qué regla de tres el discurso sobre el pecado ha de machacar siempre a los pobres, los sencillos, los últimos?

Curiosamente, cualquiera de las operaciones mencionadas anteriormente, reportarían a su autor el equivalente al robo de 10.000 gallinas (por decir una cifra) o de 20.000 carteras (por decir otra), pero aquí, ante estos nuevos supuestos es muy probable que surjan voces que nos digan: Alto, que no está tan claro. Algunos de esos ejemplos no se pueden considerar robo o estafa. Depende. No se puede ir por ahí poniendo en duda así como así la reputación de las personas. ¿Depende? Debe realmente depender cuando hacemos un repaso estadístico del número de reclusos en las cárceles españolas por robo de gallinas o carteras y, por otra parte, de los que hay por los hechos referidos anteriormente. Algo se nos escapa cuando la economía criminal organizada internacionalmente representa ya, según todas estimaciones más del 20% del PIB mundial, mientras en las cárceles prácticamente habitan sólo roba gallinas y traficantes de menores. Es el mundo al revés, una vez más.

¿OTRO MUNDO ES POSIBLE?

¿Existe otra forma de vivir? ¿O debemos conformarnos con formar parte del sumiso “rebaño lanar” en un mundo patas arriba? ¿Se puede ser, estar y participar de la propia existencia desde una auténtica libertad en una sociedad en la que todo tiene un precio?

Contestemos a este sencillo cuestionario:

¿Cuántas veces hemos dicho “si” a algo cuando hubiéramos querido decir “no”?

¿Cuántas veces hemos mirado a otra parte cuando la realidad que teníamos delante comprometía demasiado?

¿Cuántas veces nos hemos visto “obligados” a no colocarnos al lado de quien queríamos por hacerlo del que convenía?

¿Cuántas veces hemos ocultado nuestras convicciones por miedo a que no fueran aceptadas?

Pero, claro, es que poner en cuestión el poder significa romper el orden establecido y eso es impopular y tiene un costo muy grande. Perdón, eso se llama LIBERTAD. LI-BER-TAD.4 La libertad de aprender a no arrugarse y siempre decir lo que uno piensa y siente, empezando por poner en cuestión un sistema que deshumaniza, empobrece, denigra y nos convierte en silenciosas y sumisas “ovejas de la manada”.

¿Cuánto vale decir por ahí no paso? ¿Cuánto denunciar la corrupción que nos rodea de continuo mientras multitud de personas son ninguneadas, ignoradas, humilladas, empobrecidas y muchas de ellas mueren cada día de hambre a causa de “accidentes” en la aldea global? ¿Cuánto vale defender las propias convicciones anteponiéndolas a cualquier otro provecho? Eso es libertad, LI-BER-TAD y la podemos encontrar en la persona de Jesús, en su mensaje, en su compromiso de vida y en las palabras de su evangelio:

Jn. 8:31, 36; Gál. 5:1 – “… Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres… Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”.

Por Eduardo Delás – España

Gentileza: Lupa Protestante.
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