14 de febrero de 2013

Historia de la Biblia Reina Valera.



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Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera - Dos vidas paralelas.

Por la fe, el valor y la sabiduría de estos dos hombres, la historia, la literatura y la espiritualidad hispánicas deben la primera Biblia impresa en castellano. A esta realización no la pudo impedir ni el «todopoderoso» rey Felipe II ni la «omnipresente» Inquisición. Y hoy, con medio centenar de versiones en la lengua de Cervantes, esta Biblia sigue siendo la más leída.

Los dos hombres nacieron en el sur de España, en las faldas de Sierra Morena, en tierras pobladas de alcornoques y sueños por la conquista de América, las que en el siglo XVI pertenecían al reino de Sevilla y hoy a Extremadura.

Casiodoro de Reina, nació en Montemolín (Badajoz), allá por el año 1520. Y Cipriano de Valera puede que lo hiciera en un cortijo próximo a Fregenal de la Sierra (también Badajoz), en 1532. Por eso es que hoy, en circunstancias de menor fanatismo y mayor memoria, se los recuerda a los dos tanto en la Gran Enciclopedia de Andalucía como en la Gran Enciclopedia Extremeña. No obstante ellos, como no podía ser de otra manera, siempre escribieron de su condición de sevillanos.

ESTUDIANTES DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

En fechas que no han podido determinarse, los dos pasaron por las aulas de la Universidad de Sevilla. Eso fue determinante para el posterior trabajo y ampliación de estudios en Basilea, para Reina, y para la docencia en Cambridge y Oxford, en el caso de Valera. En esos lugares les fueron reconocidos sus méritos universitarios.

FRAILES EN EL MONASTERIO DE SAN ISIDORO DEL CAMPO

Sobre las ruinas de la antiquísima ciudad romana de Itálica (que ahora celebra su aniversario número 2.2OO), y a tan sólo siete kilómetros de su ciudad natal, estos dos sevillanos volvieron a encontrarse al profesar como frailes jerónimos en el Monasterio de San Isidoro del Campo. Allí, según se cuenta en el libro de Artes de la Inquisición Española, escrito por Raimundo González de Montes (que bien puede ser un seudónimo del propio Casiodoro de Reina), «las horas que llaman de coro y rezo, se habían convertido en explicaciones de la Santa Escritura». Terminaron por abandonarlo en 1557, rumbo a Ginebra.

REFUGIADOS, TRASHUMANTES, LITERATOS

Como tantos otros Españoles en busca de libertad, en aquellas lejanas fechas y en otras mucho más próximas, nuestros personajes emprendieron un camino sin retorno al corazón de Europa, dejando huellas de su fe, protesta, sacrificio, valor , amor y trabajo a su paso por Francia, Suiza, Alemania, Bélgica, Holanda e Inglaterra. Se separaron finalmente en Londres, donde Valera permaneció, mucho más sedentario, mientras Reina, el impenitente viajero, justificaba el bien ganado apodo del «Moisés español», aludiendo así a su encabezamiento de los diferentes «éxodos» de perseguidos protestantes, españoles y extranjeros, desde Sevilla, Ginebra, Londres o Amberes.

Mientras, Felipe II y los inquisidores no repararon en métodos y gasto para calumniarlos, secuestrarlos o, como ocurriera con otros, asesinarlos. Ellos pudieron experimentar la oportuna protección de Dios y de sus hermanos en la fe, aunque esto último no impidió que el tribunal de la Inquisición los quemara «en estatua» el 28 de abril de 1562 en Sevilla, y colocara su obra en los Índices de libros prohibidos.

DESCENDIENTES DE REINA Y VALERA

Los dos se casaron en Londres y, curiosamente, Ana era el nombre de ambas esposas. Ellas les dieron hijos y sufrieron, junto a toda la familia, privaciones, persecución y polémicas. Casiodoro tuvo a Marcos, Agustino, Margarita, Servas , Juan y otros que no conocemos por nombre. Por su parte Cipriano tuvo a tres : Isaac, Juan y Judith.

Un genealogista de Francfort, Herr George Itzrott, ha conseguido identificar hasta una tataranieta de Reina, nacida el 1671. Y el Rvdo. N. V. Fenn, que en 1900 se presentaba como descendiente de Judith Valera, registró muchos sucesores ingleses. A ellos debemos sumar los que hoy tienen su sangre en Irlanda y España, a través de Eamon de Valera y Juan Valera, político y escritor, respectivamente.

AUTORES, TRADUCTORES Y EDITORES

Tanto Reina como Valera son más conocidos por su condición de traductores bíblicos que por sus otras obras. Y en las biografías -pocas , pobres y pésimas- de famosos diccionarios, enciclopedias e historias de la Literatura -más sobre Valera que de Reina- se sigue olvidando mucho y acertando poco, como prueban los siguientes gazapos de la Enciclopedia Hispánica, publicada por la Británica en 1990-1991: «Casiodoro de Reina, murió en 1582 . Hizo una traducción de la Vulgata». O «Cipriano de Valera, refugiado en Ginebra, tradujo la Biblia al castellano (1602)».

Gracias a la cuidada y económica edición facsímil que en 1992 hiciera la Sociedad Bíblica de España, hoy podemos disfrutar con mayor acceso el primer texto de Reina, y conocer las pocas modificaciones introducidas por Valera.

Además, Casiodoro nos legó, como obras originales, la ya adelantada sobre la Inquisición, Comentarios en latín a Mateo y Juan (Francfort, 1573), una Declaración o confesión de la fe (Francfort, 1577), un Catechismus (Amberes, 1583) en latín, francés y holandés. También tradujo del latín al francés una historia de la Confesión de Augsburgo (Amberes, 1582) y , en condición de editor, la Bibliotheca Sancta, de F. Sixto Senensi, y Diálogus in epistolam D. Pauli ad Romanos, por Antonio del Corro, ambas en Francfort en 1575 y 1587, respectivamente.

Cipriano pudo ver dos ediciones y una de las traducciones inglesas de su dos tratados: el primero es sobre el Papa y el segundo sobre la Misa (Londres, 1588 y 1598). El Tratado para confirmar los pobres cautivos de Berveria (Londres, 1594) fue su trabajo más original y literario. Además tradujo la Institución de la Religión Cristiana (Londres, 1597) de Calvino y aportó prólogos como editor de varias obras más.

Por su parte, el recién fundado Centro de Estudios de la Reforma, a través de su proyecto Rescate Literario está trabajando en la localización, estudio y publicación de los documentos, impresos ya o inéditos, de los reformadores españoles.

¿DEBEMOS HABLAR DE LA REINA-VALERA-ENZINAS?

Casiodoro de Reina, trabajó en equipo, e incorporó en el Nuevo Testamento parte de la traducción de Francisco de Enzinas, la cual era la primera versión del original al castellano, impresa en Amberes (1543) y Ginebra (1556). Este segundo caso fue edición de Juan Pérez de Pineda. De allí Casiodoro, con un pequeño arreglo, aprovechó desde Santiago hasta Apocalipsis.

Reina conservó los resúmenes de los capítulos originales de Pérez, multiplicó el número de las referencias y notas en los márgenes y substituyó las divisiones medievales de los capítulos con letras mayúsculas, adoptando la que conocemos en versículos, tal como había hecho Roberto Estienne (NT griego, 1546). Además mejoro el castellano de Pérez, actualizando la ortografía.

LOS APÓCRIFOS Y LAS NOTAS

Los dos conservaron los Libros Apócrifos y pusieron Notas en sus respectivas ediciones. Los primeros aparecían, en la de Reina, en la colocación propia anterior a la Reforma, mientras que Valera los ubicó entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Las notas se hallaban encabezando los capítulos y en los dos márgenes exteriores. Cipriano dejó todas las de Casiodoro, añadió otras y puso por primera vez resúmenes delante de cada capítulo del Apocalipsis.

AMOR POR ESPAÑA Y AMÉRICA

Ninguno de los dos renunció a su condición de Españoles y a su inquebrantable vocación a trabajar a favor de España. Aunque ninguno volvería a pisar su tierra natal.

Cipriano de Valera escribió en repetidas veces hablando de su interés por los españoles. Citemos unos de estos casos: «Orad por nuestra España y principalmente por el Rey y por todos aquellos que tienen el gobierno de la república, que Dios les haga gracia de leer y meditar la Sagrada Escritura». Y resumiendo los grandes acontecimientos del año 1492, recuerda «el descubrimiento de las Indias», y dice: «Plujiera a Dios, que los que han allá pasado, hubieran tenido más celo de enseñar y aumentar la santa fe Católica contenida en la Sagrada Escritura, que no de enriquecerse a sí mismo, y para enriquecerse, matar y robar a diestro y a siniestro (como dicen) aquella simple gente, que tenían animas racionales como nosotros, y por quien Jesucristo era muerto».

Según escribió Valera, «Casiodoro de Reina, movido de un celo de adelantar la gloria de Dios y de hacer un señalado servicio a su nación, en viéndose en tierra de libertad para hablar y tratar de las cosas de Dios, comenzó a darse a la traslación de la Biblia», la que en el Prefacio latino dedicó a «totius Europae» y a la «Hispani Indiue».

Los inquisidores, desde Madrid, y un año antes de su impresión, la calificaron de dañina y empezaron a exigir que se impidiera su circulación. Con todo, enseguida llegó a España y a tierras americanas. Como queda demostrado por la documentación de los Tribunales del Santo Oficio en el Nuevo Mundo, así como por lo que escribió Valera en la «Exhortación» a la segunda edición, donde afirma que había llegado «hasta las Indias Occidentales».

SEPARACIÓN Y MUERTE

Como ya hemos adelantado, Valera quedó en Londres y Reina siguió viajando por Europa Central. Y parece que después de 1578 no volvieron a verse. Tampoco nos ha llegado ninguna carta, si es que mantuvieron correspondencia.

La muerte sorprendió a Casiodoro el 15 de marzo de 1594, rodeado de sus hijos, todavía solteros, y de su esposa. Esta ocurrió cuando ejercía el pastorado en Francfort, lo que antes había hecho en Ginebra, Londres y Amberes.

Mientras, Cipriano parece que todavía estaba vivo en 1606, fecha en que perdemos su pista. Eso sí, ya con más de setenta años y una vida más sosegada y próspera, con su docencia en las Universidades de Cambridge y Oxford y las ocupaciones literarias que ya hemos comentado.

Cipriano de Valera, nunca abandonó el calvinismo que habían profesado desde el principio. Aunque Casiodoro de Reina, en los últimos años, firmó y enseñó las Confesiones luteranas. Pero la más larga e inexplicable separación entre ellos se dio por tres siglos en las portadas de la Biblia, donde repetidos y casi generales descuidos editoriales de ayer, y obras de consulta de hoy, presentan el trabajo de ambos como la «Antigua Biblia de Cipriano de Valera». Y su patria, cuando tres siglos más tarde comenzó a publicarla, mantuvo el error.

TARDÍO E INSUFICIENTE, PERO MERECIDO HOMENAJE

Los sueños de conquistas en América, conquistas de almas para Cristo, pronto se hicieron realidad. Con la traducción de la Biblia al castellano de Casiodoro de Reina, se presentaba «el otro Cristo español». Y en los últimos años, con el aumento del conocimiento y reconocimiento a la imperecedera obra, se les rinde, aunque tardía e insuficientemente, un merecido homenaje.

En España, «la Biblia del Oso» -tal como se llama a la primera edición- representa a la literatura religiosa en una Colección de Clásicos Castellanos. Y en el IVº Centenario de su muerte, la ciudad de Sevilla, por medio de su Universidad, organizó una Exposición de Biblias Castellanas y un acto académico y el Ayuntamiento rotuló una calle a su nombre. Y por nuestra parte, hemos escrito una nueva biografía, que aparece en una triple presentación: impresa, en audio y video.

Alemania, país donde Casiodoro viviera tantos años hasta su muerte, lo recordó en una exposición histórica sobre Francfort, mostrando un retrato y el ejemplar dedicado por él al Ayuntamiento. Y Friedemann, cantautor alemán que trabaja como misionero en España, ha grabado dos canciones dedicadas a Reina.

En América, que se adelantó en 1969, dedicando a «la Biblia del Oso» dos sellos o estampillas de correos -uno en Guatemala y otro en Chile- preparó un variado programa con ocasión del lanzamiento de la Reina Valera Revisada de 1995.
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Gentileza: Instituto Biblico Beth Israel
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