9 de marzo de 2009

Cómo responderías si se te preguntara la razón ¿ Por la que existe la Iglesia?

Algunos pudieran decir que para vivir una vida santa. Eso es bueno, pero no es la razón principal de la Iglesia. Si eso es todo lo que el Señor quiere, bien pudiéramos irnos al cielo, ya que en realidad no podemos llevar una vida perfecta en esta tierra.

Algunos pudieran decir que somos salvos para que tengamos compañerismo. Eso es bueno también y de hecho tenemos compañerismo con otros creyentes. Pero el compañerismo es muy imperfecto. Tenemos todo tipo de problemas para llevarnos bien los unos con los otros como cristianos. En realidad, no tenemos un compañerismo perfecto en esta tierra.

Algunos pudieran decir que la verdadera prioridad de la Iglesia es la adoración. Pero a veces nuestra mente vaga y nos cuesta mucho trabajo concentrarnos en Dios. A veces nuestras emociones son arrastradas pero van a un lugar que tiene poco que ver con Dios. Somos criaturas volubles que nos distraemos fácilmente.

Nuestra santidad es imperfecta, nuestro compañerismo es imperfecto y nuestra adoración es imperfecta. Si esas fueran las prioridades, entonces sería mejor que nos fuéramos al cielo. Cuando lleguemos al cielo, seremos plenamente santos, y nuestro compañerismo y nuestra adoración serán perfectos.

¿Te has preguntado alguna vez cuál es verdadero propósito de la Iglesia en el mundo?
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El propósito es hacer discípulos a todas las naciones. Jesucristo dio esta orden a sus discípulos poco antes de que ascendiera al Padre: «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén» (Mateo 28.19, 20). Estos versículos se conocen como la Gran Comisión y ellos establecen la misión de la Iglesia.

Solo hay una cosa que podemos hacer en la tierra que no podemos hacer en el cielo: Hacer discípulos de todas las naciones. Se nos da la Gran Comisión de modo individual y de modo colectivo como Iglesia del Señor.

Nadie está excluido de este gozoso deber. Ve a las personas que no conocen a Cristo. Háblales del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Exhórtalas a que acepten a Jesucristo como Señor y Salvador personal, a que se bauticen como muestra de que han depositado su fe en Cristo. Sigue enseñándolas a obedecer las cosas que Jesús nos mandó. Y haz todo esto sabiendo que Cristo está contigo mientras cumples su propósito. Él estará contigo hasta el fin.

Fuente: Ministerio Familiar Un vaso mas Frágil.
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