18 de abril de 2011

DISCIPULOS SECRETOS: JOSÈ DE ARIMATEA Y NICODEMO.


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COMUNIDAD CRISTIANA ANTOFAGASTA: Este domingo recien pasado, tuve la bendicion de escuchar una de las palabras mas sobrenaturales, el Diacono que predicò fue usado por el espiritu santo. Lo dirigiò con un tema, bastante desconocido para todos los que conocemos de los Discipulos que en formalidad, conformaban el circulo de nuestro señor. Esta palabra demuestra como un Jose de Arimatea y un Nicodemo, con sus riquezas y conocimientos correspondientemente, se acercaron y valoraron a un Padre, Hijo y espiritu Santo, Vivo. Estos Discipulos Secretos, estuvieron en el momento indicado y fueron bendecidos por nuestro Señor. Si en el mundo existieran millones de Jose de Arimatea y Nicodemos, proclamo por Fè, que asi serà, que cada Iglesia Protestante, contarà con la riqueza y los conocimientos de estos hombres necesarios para la Obra de Nuestro Señor Jesucristo, para adentrarse a la esencia de un Corazon grato, sano para la Adoracion, Exhaltacion, Alabacion, Honra y Glorificacion de nuestro Señor - Carlos Saavedra Martinez.
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José de Arimatea: un discípulo secreto.
Mateo 27:57-61 (LBLA)

Y al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. [58] Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. [59] Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, [60] y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca, y después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. [61] Y María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

Nota su sencillez por todos lados.

Tiene su consuelo y sirve de modelo.

No fue mucha gente ni tuvo pompa. Apenas unos pocos que le habían acompañado a su crucifixión y dos más, José de Arimatea y Nicodemo el que se había entrevistado con él de noche. Sin embargo estaban enterrando la Vida, al creador del universo. El entierro del Señor fue sencillo, tristemente despoblado.

No importa que no vayan muchos a nuestro entierro y seamos sepultados en el anonimato y cubiertos por la ingratitud. Lo que importa es cómo vivimos y lo que hicimos. Con un sarcófago sencillo, unas hojas de palma que simbolicen nuestra entrada triunfal al cielo y nuestra Biblia de estudio abierta para que la hojeen los asistentes, es suficiente.

Los funerales de los santos debieran ser sin los lujos y pompas costosas que distinguen el entierro de los vanidosos de este siglo y empobrecen a los sobrevivientes, y enriquecen a los señores funerarios. Cuando algún santo es pasado a la gloria para estar con su Salvador, la despedida de sus restos debiera convertirse en un culto religioso que exalte la esperanza que él tuvo en la resurrección de los muertos porque esto principalmente consuela a los vivos y exhorta oportunamente a los curiosos.

Era discípulo pero secreto (Jn.19.38), “pero José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente, por miedo de los judíos”.

A partir de este funeral dejó de ser desconocido para el mundo y la iglesia. No puedo leer en estas palabras alguna condena apostólica, más bien siento un lamento. Uno no debe criticar el testimonio de ningún hermano pero a veces lo lamenta. Se entienden ciertas cosas pero se lamentan. Y se desea que haga un cambio, que llegue el día en que salga de su escondrijo y muestre osadamente sus simpatías por la persona de Jesús, como sucedió con José, que “vino y entró osadamente a Pilato” para pedir el cuerpo sin vida de Jesús (Mr. 15.43).

Esa clase de discipulado, si es verdadera, es menos de lo que Dios espera porque no lo glorifica.

Supongamos que Dios se preguntara: “¿Quién enterrará a mi Hijo? ¿Dónde lo enterrarán? ¿Dónde resucitará mi Amado?”. Entonces José se dijo “yo enterraré a tu Hijo, seré yo esa persona que tú necesitas, lo enterraré en mi propiedad y quiero que resucite en mi tumba”. Y le cedió su sepulcro al Señor. Fue un acto de amor a Dios y de agradecimiento por el cual obtuvo gloria. Lo que José no sabía era que Dios estaba pensando en él y en su propiedad cuando el Espíritu dijo que Jesús sería sepultado en una tumba de gente rica (Isa. 53: 9). Ser un discípulo secreto es una forma muy egoísta de ser cristiano.

Y además es menos de lo que Jesús necesita.

Ahora no necesita dinero para pagar los impuestos, no necesita dónde recostar su cabeza, no necesita panes y peces, ni un barco para cruzar el lago, ahora necesita una tumba. Pienso que el Señor necesita no solamente de sus mejores discípulos, sino de todos nosotros, hay algún trabajo que el Señor pide que lo haga alguien y nadie podría hacerlo sino un discípulo en particular y si no se presenta y lo realiza, el trabajo se queda sin hacer y la obra se para. Nadie podría efectivamente haber ido a Pilato como José, ni siquiera el discípulo amado que era conocido por el sumo sacerdote. ¡Quién sabe adónde hubiera ido a parar el cuerpo si él no saliera de su escondite de discípulo agachado! ¿Es usted un discípulo miedoso y secreto? Usted puede ser la persona apropiada para un momento dado.

Como ya he dicho, Jesús necesita de todos sus discípulos y la iglesia lo mismo. De los que se hallan junto a la barba de Aarón y los que están el borde de sus vestiduras. De los pobres y de los ricos. De los políticos y de los que no lo son. De senadores de un partido y del otro. De mujeres y hombres, de bárbaros y escitas, de judíos y griegos, de niños y adultos, de viejos y jóvenes. Tú puedes hacer algo por ella que si no lo haces se queda coja. La iglesia necesita todo de todos.

El discipulado secreto generalmente es débil y poco influyente y corre el riesgo de ser casi un cómplice. El discipulado secreto de José era demasiado débil para influir y cambiar el mundo. En Lc.23: 51 leemos: “Y no había consentido ni en el acuerdo ni en los hechos de ellos”, pero nadie le hizo caso, no logró nada a no ser protestar, no influyó a ninguno ni cambió el tren de cosas; mataron a Jesús con su voto en contra. La razón que da el Espíritu Santo no es que obraba secretamente por prudencia sino por miedo, porque era un cobarde, hasta ese entonces. Gracias al Señor que después acumuló valor, salió de su escondrijo e hizo por Jesús muerto algo que no hizo vivo. Eso es lo que significa la palabra “osadamente”, tener valor.

Jesús tiene muchos discípulos que no son secretos pero hacen menos de lo que Dios espera y de lo que la iglesia necesita.

Concluyendo. Quizás usted, hermano, puede comprar una sábana para envolver a Jesús pero dice: “No, que la compre Juana la esposa de Cleofas el intendente de Herodes” y no la compra, puede pedir el cuerpo de Jesús pero mira a otro lado y ve a Nicodemo que también es un senador y dice: “Que lo haga él”; quizás puede prestar su sepulcro familiar y así Dios extienda la vida de los suyos para que no lo usen por muchos años, o dejar que su pollino sea desatado para que cabalgue sobre él el hijo de Dios que lo necesita pero dice, “no, otro tiene carro, que lo lleve a la reunión uno que vive más cerca, o que se compre uno”. ¿Obra usted bien, así, rechazando el servicio cuando hay tanto trabajo que hacer y espera que lo haga otro? Jesús dijo: “No he venido para ser servido sino para servir”, y ¿usted que es su discípulo no sirve a los otros? Y ¿espera el advenimiento del reino de Dios creyendo sin servir?

Fuente Libros y Pergaminos.
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