5 de marzo de 2008

“¿Quién es cristiano de verdad ante Dios?”


Querida alma de Dios, ¿es usted “cristiano(a) de verdad”?

¿Cómo saberlo, a ciencia cierta, a menos que cuente con el conocimiento de los rasgos esenciales de “verdadero(a) cristiano(a)”?

¿Estaría de acuerdo en que el “pleno conocimiento bíblico” es la clave?
Pues, catalogarse a sí mismo(a) como “cristiano(a)”, o a otros como “cristianos”, guiado(a) en su evaluación solo por algún sentimiento o parecer personal, criterio humano o teología particular, sería muy arriesgado, ¿no?, ya que está en juego el destino eterno.

¿A quién le corresponde identificar al “cristiano de verdad”?
A mi, no; ni a usted. Tampoco a cualquier otro ser humano, sino solo al Señor, ¿lógico?, dado que él es el único que “conoce… a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19), estableciendo Dios mismo sus propios parámetros para la identificación de sus hijos espirituales legítimos.

El “cristiano de verdad” identificado según la Biblia.

El “cristiano de verdad ante Dios” es todo aquel que tiene los rasgos de verdadero discípulo que el Señor Jesús puntualiza en la Biblia, específicamente, en el Nuevo Testamento, el cual es “mejor pacto”, siendo Cristo mismo su “mediador” y “testador” divino (Hebreos 8:6; 9:15-17).

¿Se solidariza usted con esta afirmación?

¿Dónde más encontrar los rasgos característicos de verdadero hijo de Dios si no en el “nuevo pacto” sellado con la sangre de Jesús (Mateo 26:28)?
Al leer, sin creencias religiosas preconcebidas, este “nuevo pacto… más glorioso” (2 Corintios 3:6-17), saltan a la vista los rasgos que Cristo requiere, no siendo numerosos en extremo, ni tampoco complicados.

Estimada alma amada por Dios, y por nosotros, ¿qué le parece ponerse “los espejuelos de clarificación espiritual y pura objetividad”, recetados por el Espíritu Santo (1 Corintios 2:12-16; Efesios 1:17-18), para que identifique usted mismo (a), con certeza, aquellos rasgos esenciales fijados por nuestro Salvador?

¿Encuentra muy grande el Nuevo Testamento?

¿Nos permite indicarle algunos textos importantes que hemos hallado? Las preguntas y los comentarios que los acompañan sirven para resaltar su sentido natural.

1. “El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). Según esta proclamación de Jesús, ¿qué rasgo es indispensable para ser “cristiano de verdad”?
Desde luego, ¡la fe en Cristo como el “unigénito de Dios”! Creer que Jesucristo es el Hijo de Dios es un rasgo sin el cual nadie puede ser “cristiano de verdad”. Pero, aclaramos: creer, nada más, o “hacer profesión de fe”, nada más, no es suficiente para que el creyente se identifique como “cristiano de verdad”. De ser suficiente, ¡también serían “cristianos de verdad” los demonios!, ya que “también los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). ¿Asienta usted? Si no, ¿quiere explicar por qué discrepa?

2. “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19). ¿Es “cristiano de verdad” la persona que cree que Cristo es el Hijo de Dios, pero que no se arrepiente de sus pecados, no dejando de pecar?

-“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones… heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). Según este texto, leído sin que lo distorsionen influencias culturales o criterios morales personales, ¿merece ser llamado “cristiano de verdad” el homosexual que confiesa fe en Cristo como el Unigénito de Dios, pero que insiste en seguir practicando el homosexualismo? ¿Puede el pecador ser transformado en “cristiano de verdad” si no se arrepiente de todos sus pecados, humillándose, pidiendo perdón y ajustando su conducta al código moral de Cristo?

3. “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:10). “El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23). “A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10:32-33). ¿Es confesar públicamente con la boca que Cristo es el Hijo de Dios una acción necesaria para ser “cristiano de verdad ante Dios”?

-“Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor… Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mi, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23). Según esta observación que hace Cristo, ¿se justifica en declararse “cristiano de verdad” quien dice “Señor, Señor, yo te amo. Yo te adoro”, pero que “no hace la voluntad” del “Padre que está en los cielos”? “Muchos… hacedores de maldad” invocan el nombre del “Señor”, pero no son “cristianos de verdad”, por ser aún “hacedores de maldad”. ¿De acuerdo?

4. Sumergirse en agua (bautizarse, sepultarse en agua, Romanos 6:1-7) “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18-20), también figura en el Nuevo Testamento de Cristo como requisito para ser “cristiano de verdad”. Analicemos la evidencia, razonando espiritualmente.

a) “Bautícese cada uno… para perdón de los pecados” (Hechos 2:38). ¿Es el bautismo bíblico “para perdón de los pecados”?
Si responde en lo negativo, favor de explicar por qué el bautismo no es “para perdón”, es decir, esencial para ser perdonado. ¿Puede ser “cristiano de verdad” el creyente arrepentido que no ha recibido “perdón de los pecados”?
b) Observe atentamente: el predicador Ananías exhorta al pecador Saulo (Pablo), quien ya creía y estaba arrepentido: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos 22:16).

-“Lava tus pecados.” De hecho, el bautismo bíblico se llama “el lavamiento de regeneración” (Tito 3:5). “Regeneración” es sinónimo de “nuevo nacimiento”. ¿Puede ser “cristiano de verdad” el creyente que no “lava” sus pecados mediante “el lavamiento de regeneración”? ____ Al responder en lo afirmativo, indicando que el creyente puede ser “cristiano de verdad” sin lavar sus pecados, o sea, sin bautizarse, favor de explicar cómo, citando textos bíblicos que respalden su creencia.
c) El apóstol Pedro escribe: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva” (1 Pedro 3:21). Según Pedro, ¿salva el bautismo? Se sobreentiende que no salva aparte de la sangre de Cristo. No obstante, según el Nuevo Pacto, ¿salva o no salva? O sea, ¿es esencial o no esencial para salvación? Si contesta: “No salva; no es esencial”, favor de justificar bíblicamente su respuesta. ¿Puede el creyente ser “cristiano de verdad” sin bautizarse para ser salvo? ¿Quién hace “esencial” este “rasgo”: Dios o el hombre? Si Dios mismo lo hace esencial, ¿se equivocan los maestros quienes enseñan que el bautismo no salva?
d) “Descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua…” (Hechos 8:38-39). ¿Hay que descender al agua y subir del agua para efectuar el bautismo bíblico? “Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo” (Romanos 6:4). ¿Es el bautismo una sepultura en agua? ¿Puede ser “cristiano de verdad” el creyente arrepentido que se bautiza por aspersión?

¿Son correctas las siguientes conclusiones?

A. Toda persona que (1) cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, (2) se arrepiente de sus pecados, (3) se convierte, dejando de pecar, (4) confiesa a Cristo delante de los hombres y (5) se sumerge en agua para que sus pecados sean lavados, es perdonada, purificada (1 Pedro 1:22) y reconciliada con Dios (2 Corintios 5:18-20). Por consiguiente, merece ser identificada como “cristiano de verdad”. “Nueva criatura es” (2 Corintios 5:17), añadiéndole Cristo a su iglesia (Hechos 2:47), o sea, a “la familia de Dios” (Efesios 2:19), donde debe tomar solo el nombre “cristiano” (Hechos 11:26), pues de Cristo “toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra” (Efesios 3:14-15).

B. Toda persona que cree, pero no confiesa con su boca delante de los hombres que Cristo es el Hijo de Dios, no merece ser identificada como “cristiano de verdad”.

C. Toda persona que cree, confesando con su boca que Jesucristo es el Hijo de Dios, pero que no rectifica su conducta de “pecador”, no es “cristiano de verdad”.

D. A la persona que cree, confiesa y se arrepiente, dejando de pecar, pero que no se sumerge en agua para que sus pecados sean lavados, le falta un “rasgo” esencial para ser “cristiano de verdad”, a saber, el bautismo “para perdón”, el bautismo que “salva”, el bautismo que es “el lavamiento de regeneración”.

Seguir siendo “cristiano de verdad” hasta el fin.

Una vez hecho “cristiano de verdad” en virtud de haber “obedecido de corazón a aquella forma de doctrina” a la cual fue entregado (Romanos 6:17), para seguir siéndolo es necesario perseverar “en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:42), “hasta la muerte” (Apocalipsis 2:10). El cristiano que no persevera en lo señalado ya no califica como “cristiano de verdad”. ¿Es correcta esta conclusión?

Ahora bien, la tarea de identificar “la doctrina de los apóstoles”, para poder implementarla luego en el diario vivir, el amante de la salvación la realiza con gusto, deseando ser siempre “cristiano de verdad”. Ocupándose “en la lectura” del Nuevo Testamento (1 Timoteo 4:13), pronto descubre entre los “mandamientos del Señor” (1 Corintios 14:37), o “los rudimentos de la doctrina de Cristo” (Hebreos 6:1), los siguientes mandamientos:

1. El de celebrar la Santa Cena del Señor el primer día de cada semana (Hechos 2:42; 20:7; 1 Corintios 11:17-34), o sea, todos los domingos.
2. El de cantar alabanzas e himnos (Efesios 5:19; Colosenses 3:16), como también el de orar “sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
3. El de adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24), y no vanamente (Mateo 15:8-9). “En vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.”
4. El de hacerlo todo “para edificación… decentemente y con orden” (1 Corintios 14:26, 40). “Quítense de vosotros toda… gritería” (Efesios 4:31).
5. El de ofrendar cada domingo “según haya prosperado”, voluntaria y generosamente (1 Corintios 16:1-2; 2 Corintios 8:1-12; 9:1-11).
6. El de congregarse fielmente (Hebreos 10:25). “No dejando de congregarnos.”
7. El de vivir en santidad (1 Pedro 1:16), “sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).
8. El de nombrar a una pluralidad de “ancianos” (obispos, pastores) en cada congregación (Hechos 14:23; Tito 1:5), como también el de encargar a las damas cristianas, debida-mente calificadas, sus funciones correspondientes (Tito 2:3-5; 1 Timoteo 5:14), las cuales no incluyen predicar o gobernar en las congregaciones. “No permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre” (1 Timoteo 2:12-15).
9. El de “guardar la unidad del Espíritu… un cuerpo… una fe, un bautismo” (Efesios 4:3-6).
10. El de practicar “la religión pura y sin mácula” visitando a las viudas y guardándose “sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).
11. El de ministrar en todo conforme al Nuevo Pacto, no enseñando sábados, diezmos, incienso, instrumentos, etcétera, del Antiguo Pacto mosaico, pues este fue clavado en cruz, quedando abolido (2 Corintios 3:6-17; Colosenses 2:14-16).
Obedece estos mandamientos, con todos los demás del Nuevo Testamento del Señor, para seguir siendo “cristiano de verdad” hasta el fin.

¿Su decisión?

¿Es usted “cristiano de verdad”, o acaso “cristiano incompleto”, “cristiano desviado”, “cristiano errado”, “cristiano conforme a su propio criterio personal”, “cristiano de acuerdo a las pautas de alguna teología particular”, “cristiano sectario”?
Al haber adquirido conocimiento de los rasgos esenciales para ser “cristiano de verdad” ¿qué piensa hacer? ¿Llevará el conocimiento a la práctica, haciendo suyos los rasgos? Amorosamente, le animamos a convertirse, con la ayuda del Señor, en “cristiano de verdad”, para que reciba el “galardón completo” (2 Juan 8), siendo también ejemplo y guía para que otras almas sinceras se salven eternamente.
Cristo añade al “cristiano de verdad” a su propia iglesia (Hechos 2:47), y no a una iglesia cualquiera. Es fácil identificar a la iglesia del Señor, ya que guarda los “mandamientos de Cristo”, tales como los de la lista de once ya dada.

Nuestra Bendicion, Carlos Saavedra Martinez.
.